El amor del céfiro

Encantadora niña
de tez de nieve,
de lánguida mirada
de planta leve,
de esbelto talle:
flexible como el lirio
que está en el valle.
Con tu dulce sonrisa,
tus blandos rizos

Atesoras hermosa
tantos hechizos…
Que al contemplarte,
¡El corazón rendido
¡Tiene que amarte!
¡Oh! Cuanto me interesas
en tu ventana,
cuando miras la luna
tu blanca hermana…

Pues como ella,
eres pálida y dulce,
doliente y bella.
Dicen que las hermosas
son cual las flores,
que no tienen fragancia
sino colores;
pero tú tienes
de belleza y talento
preciados bienes.

Tienes un alma grande
y apasionada.
Yo escuché tus suspiros
en la enramada,
y un santo beso
dejó en tu pura frente
mi labio impreso.
Y murmuré en tu oído
sentido canto,
y te conté una historia
de amor y llanto.

Tú me escuchabas;
y en llanto tus mejillas
vi que bañabas.
Después te vi alejarte
pálida y triste:
yo te tendré en mis brazos,
tú sonreíste.
Tu voz serena,
murmuró dulcemente:
“Me voy con pena”

Tu tierno y puro acento
vibró en mi oído,
y me sentí dichoso
cual nunca he sido.
por vez primera,
hallé un ser que en el mundo
me comprendiera.
mil veces de las bellas
jugué en los rizos
por ver si hallaba un alma
con tus hechizos.
¡Triste fortuna…

Todas me desdeñaban,
una por una!
Al jugar con sus blondas
y sus encajes.
Al ondular la gasa
de sus ropajes…
¡Oh, decepciones…!
Dejaban mis florestas
por sus salones.
Y por ellas mis labios,
¡Ayes!, lanzaban,
al ver que indiferentes
me abandonaban.
Triste y sombrío…
¡Vagaba solitario
por el vacío!

De entonces no jugaba
con los cabellos,
pues solo desengaños
encontré en ellos;
y en mis dolores,
acariciaba triste
todas las flores.
pero te vi una tarde
en la floresta:
Dulce, bella y graciosa,
gentil y apuesta.
vi tus cabellos:
Y ansioso y delirante
me perdí en ellos.

Yo tenía tanto miedo
de acariciarlos
que temblaba mi mano
al agitarlos.
Que los besaba…
y luego temeroso
te contemplaba.
Pero tú cariñosa
te sonreías,
y con tu dulce acento
así decías:

“¡Juega con ellos,
para ti son los rizos
de mis cabellos!”
Por ti sintió mi alma
amor profundo:
amor desconocido
para este mundo,
y mi embeleso…
es sentir en mis rizos,
tu casto beso

Sígueme en las florestas
y en los salones:
llévate conmigo
a otras regiones.
¡Céfiro mío…
Llena tú de mi alma,
su gran vacío!
De entonces anhelante
en tu ventana;
me sorprende la noche
y la mañana.

Siempre te espero…
Para decirte amante:
¡Cuánto te quiero!
Si buscas en mi alago
blanca sirena
lenitivo y consuelo
para tu pena.

Yo, tus dolores
calmaré con historias
de aves y flores.
Serás mi pensamiento,
serás mi vida:
Serás de mi esperanza
luz bendecida.
Y mis hechizos…
Serán de tus cabellos
los blandos rizos.

Amalia Domingo Soler

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