Milagros que nos rodean

Cuando hablamos de milagros, es común que nos vengan a la mente cosas extraordinarias. El cielo se abre, aparece un mensajero celestial, ocurren fenómenos. Milagro, según el significado de la palabra, se refiere a un evento considerado extraordinario y que parece no tener una explicación racional. Sería algo así como una violación de las leyes naturales que rigen los fenómenos ordinarios. Uno podría preguntarse por qué Dios establecería leyes para el Universo, para Él mismo transgredirlas. Si el orden divino viene del cumplimiento de la ley, ¿cómo actuaría Dios de manera diferente? Después de todo, si Él es la perfección, perfecto debe ser en todos Sus actos.

Para algunos, muchas de las acciones del Maestro Jesús, mientras estuvo entre nosotros, son consideradas milagros. Sin embargo, poco a poco, estamos aprendiendo que para cada una de esas acciones hay una explicación coherente que, simplemente, no conocíamos. Vemos la ciencia, día a día, acercarse a la religión, demostrando los efectos beneficiosos de la oración, de la fe.

Las estadísticas informan que aquellos que abrazan la religiosidad, si lo hacen de manera amplia, tienen posibilidades de una mejor calidad de vida. Recordemos que Jesús afirmó que, si tuviéramos fe del tamaño de un grano de mostaza, podríamos ordenar a una montaña que se moviera y ella se movería. Él no se refería a los montículos de tierra y piedra de nuestro planeta. Se refería a nuestros problemas de cualquier tipo. También afirmó que todo lo que Él hacía, nosotros podríamos hacerlo y mucho más. Por supuesto, eso sucederá cuando alcancemos el estado de pureza y grandeza de Él, nuestro Maestro. En esencia, nos dice que somos portadores de potencias en el alma, que aún no conocemos.

Muchos de nosotros ya hemos descubierto el poder de la oración. Otros ya nos dimos cuenta de los beneficios de la transmisión de energías a través de la imposición de manos. Como lo hacía nuestro Maestro y Señor. Entonces, verdaderamente, vivimos rodeados de milagros. Todos explicables por la acción de las energías, de las potencialidades del ser humano o de los Espíritus del bien. Es importante que prestemos atención a lo que sucede a nuestro alrededor. Porque hay muchos milagros. Existen los milagros del amor y de la bondad, que ayudan a los hermanos en la adversidad. Existen los milagros de la amistad, que nos llegan cuando nuestras dificultades parecen insuperables. Milagros son aquellos que registramos en el amanecer y el atardecer, la lluvia generosa que vigoriza la tierra, el bosque que renace de las cenizas después de las calamidades.

Einstein afirmó que solo hay dos formas de vivir la vida: la primera es vivirla como si los milagros no existieran. La segunda es vivirla como si todo fuera un milagro. De esta manera, cultivemos la fe y practiquemos la oración, que sí hacen, en nosotros y a nuestro alrededor, milagros como restaurar la salud de un ser querido y la mantención de la nuestra. Sin embargo, pensemos más allá. Pensemos en cómo podemos ser el milagro para alguien: la voz amiga, el consuelo en el dolor, la oración juntos, el abrazo cálido. Pensemos en eso y dispongámonos a ser el milagro que alguien espera.

Redacción del Momento Espírita

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