Sub-personalidad (El problema de los yos)

La psicosíntesis se refiere a la existencia de un yo personal y de un Yo superior, en constante lucha por el dominio de la personalidad. El yo persona es, muchas veces, confundido con la personalidad, siendo él mismo, el punto de autoconsciencia pura, conforme lo define Roberto Assagioli.

Corresponde al ego, al centro de la consciencia individual, diferendo expresivamente de los contenidos de la propia consciencia, tales las sensaciones, los pensamientos, las emociones y sentimientos.

El Yo superior corresponde al Espíritu, al Self, también pudiendo ser denominado como Superconsciente. El yo personal es consciente, sin embargo, deja de tener lucidez, cuando se adormece, cuando se es víctima de un traumatismo craniano y se desfallece, cuando se está en trance natural o bajo acción hipnótica o medicamentosa, reapareciendo cuando del retorno a la consciencia lúcida, que transcurre naturalmente de otro Yo, ciertamente superior, que rige la organización y la actividad de la consciencia.

En realidad, no son dos yos independientes, separados, sino una sola realidad en dos aspectos distintos de presentación conforme ya identificó el psicólogo americano William James, al cuidar del análisis de las subpersonalidades (*)

(*) Ver nuestro Amor, imbatible amor, cap. Victoria del amor (Amor-perdón) página 243, 4ª edición de la librería Espirita Alborada Editora. (Nota de la Autora espiritual)

Esas dos expresiones psicológicas que se presentan en el individuo, cuando no unificadas armónicamente, pueden ser un factor de fragmentación de la personalidad, generando disturbios de comportamientos, inestabilidad emocional.

El objetivo de la psicosíntesis es trabajar por la unificación de esos dos yos, produciendo la verdadera identificación del ser en los objetivos de la existencia que experimenta.

El yo individual es resultado de las adquisiciones y experiencias del proceso existencial con sus conflictos y aspiraciones, en lucha continua por la concientización de la realidad. Esa pues, solamente se hará cuando el Yo superior sea identificado y decodificado su expresión inmortal, de esencia eterna, que debe ser concientizado y vivido con armonía.

Cuando se da esa coyuntura feliz, se hace indispensable la terapia de asimilación de los contenidos del yo individual en el Yo superior, diluyendo fronteras que parecían inexpugnables y deshaciendo barreras psicológicas, que se transforman en una corriente de energía continua entre el flujo y otro, favoreciendo la estructura del ego equilibrado ante el Self consciente.

El Profesor Pierre Janet, cuando da identificación al subconsciente, en las experiencias hipnológicas, realizadas por el célebre Prof. Jean Martin Charcot, el La Bicêtre -Universidad de La Salpetrièrre, en París – propuso la existencia de personalidades múltiples o anómalas, que se encuentran adormecidas en ese depósito de la memoria, y que pueden asumir la corporificación cuando el paciente se encuentre en estado de trance natural o provocado.

La tesis, en aquella ocasión, de alguna forma tenía el objetivo, también, reducir los fenómenos mediúmnicos intelectuales, a simple automatismo psicológico resultante de las fijaciones que se encuentran en el subconsciente humano. Esas personalidades secundarias aparecerían con frecuencia, conforme los estados emocionales, dando origen a trastornos de comportamiento e incluso a alucinaciones psicológicas de naturaleza psicótica y esquizoide.

Ciertamente, muchos fenómenos ocurren en esa área, resultado de las frustraciones y conflictos, favoreciendo el surgimiento de personalidades parasitarias que, no es raro, intentan asumir el comando de la consciencia, estableciendo control sobre la personalidad, y que son muy bien estudiadas por la Psicología Espirita, en el capítulo referente al Animismo y sus múltiples formas de trances.

En la inmensa área del ego, surgen las fragmentaciones de las sub-personalidades, que son comportamientos diferentes para expresarse conforme las circunstancias, presentándose con frecuencia poco común.

Todos los individuos, raras las excepciones, experimentan ese tipo de conducta, mediante la cual, cuando en el trabajo se dejan conocer por el temperamento explosivo, marcante, dominador y, en particular, son tímidos, mansos y recelosos. Las variaciones son muchas en ese campo de las sub-personalidades.

Además, en el inmenso campo de los conflictos, las expresiones de inferioridad moral del proceso de la evolución facultan las manifestaciones egóicas enfermas, como el orgullo, los celos, la envidia, el resentimiento, el odio, la calumnia y muchos otros afamados, que ciegan al ego y lo tiran a los abismos de las alienaciones. Al mismo tiempo, personalidades espirituales, que transitan en el mundo exterior de la materia, interfieren en el comportamiento humano, sometiendo, no pocas veces, al yo individual a trastornos de naturaleza obsesiva, no detectados por la Psicología académica convencional, que los estudia bajo aspectos psicopatológicos más específicos.

Puede parecer, en un estudio psicoanalítico, que constituyen una variedad expresiva de yos buscando el primer lugar, cuyas raíces se encuentran fijadas en el inconsciente, depositario de las herencias antropológicas ancestrales, en los acontecimientos perinatales e infantiles, en la subyugación de la madre castradora, cuya imagen perturbadora continuaría afligiendo e induciendo las fugas espectaculares, para que los dolores y los infortunios antes vivenciados fuesen olvidados. Y evidente que un autoanálisis cuidadoso deba ser realizado por el paciente, mediante la voluntad bien conducida y estimulada, trabajando en favor de la armonía entre los valores éticos y el Yo superior, al mismo tiempo creando reservas psíquicas para impedir moralmente la interferencia de las mentes liberadas del cuerpo físico.

Cuando pues, el paciente no se siente en condiciones de realizar el menester, se torna imprescindible la contribución del terapeuta en psicosíntesis para concientizarlo, presentándole un programa de disciplina mental y de hábitos saludables, de forma que establezcan líneas seguras para el comportamiento equilibrado.

El ser humano, mediante el Yo superior, transita por innúmeras experiencias carnales, entrando y saliendo del cuerpo, en la búsqueda de la individuación, de la plenitud a que se destina, conduciendo los tejidos sutiles de la realidad que es, todas las realizaciones y vivencias que se acumulan y construyen el inconsciente profundo, de donde emergen también las personalidades que fueron vividas y cuyas memorias no se encuentran diluidas, permaneciendo dominadoras, frente a las ocurrencias que, de alguna forma, generan culpa, armonía, júbilo, gloria y asoman, exigiendo atención. En ese inmenso océano – el inconsciente – se mueven los yos que emergen o sumergen, necesitando de anulación y desaparecimiento a través de las luces del discernimiento de la consciencia del Si.

En su inmensa complejidad, la individualidad que se expresa a través del yo superior enfrenta las experiencias de las personalidades presentes en el yo individual. Todo un proceso terapéutico debe ser tomado en consideración, no descartándose aquel de naturaleza espiritual, que se responsabiliza por el grave capítulo de las psicopatologías de naturaleza obsesiva.

Los días actuales, portadores de presiones tormentosas, son iniciadores de disturbios que preponderan con vigor en la conducta de los individuos, contribuyendo decisivamente para la fragmentación de la personalidad en expresiones de yos conflictivos. En esa aparente dicotomía de los dos yos, la ocurrencia se da, porque uno no toma conocimiento del otro de forma consciente, pudiendo mismo negarse uno al otro. El Yo, pues, es único, indivisible, manifestándose, esto sí, en expresiones diferentes de consciencia y de autorrealización.

Para el trabajo saludable de integración de esas vertientes del Yo son necesarios el conocimiento de sí mismo, de la propia personalidad; administración de los varios elementos que constituyen esa personalidad del verdadero Yo, mediante la reconstrucción de la personalidad alrededor de la recién formada palanca psicológica.

Como medidas auxiliares y recursos valiosos, debe ser utilizadas la meditación, la visualización terapéutica, la oración – que canaliza fuerzas y energías superiores para el Self -, que contribuirán para la unificación de los yos, la armonización del individuo.

Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Pereira Franco
El despertar del Espíritu

1 comentario en “Sub-personalidad (El problema de los yos)”

  1. Muy interesante lo del Superconsciencia y el retorno a la consciencia lúcida al igual que muchas otras partes, comodeshaniendo barreras psicológicas, gracias por compartir.

    Responder

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.