La bandera del Espiritismo

El espiritismo tiene dos partes: los hechos materiales y sus consecuencias morales. La primera es necesaria para demostrar la existencia de los Espíritus; ellos comenzaron de ese modo. La segunda, que resulta de la primera, es la única que puede conducir a la transformación de la humanidad mediante el mejoramiento individual.

El mejoramiento es, pues, el objetivo esencial del espiritismo. Hacia él debe tender todo espírita serio. Dado que esas consecuencias se dedujeron de las instrucciones de los Espíritus, he definido los deberes que esa creencia impone. Inscribí el primero de ellos en la bandera del espiritismo: Fuera de la caridad no hay salvación. Esta máxima ha sido aclamada, a partir de su aparición, como la antorcha del porvenir, y de inmediato dio la vuelta al mundo, para convertirse en la voz de mando que reúne a todos los que ven en el espiritismo algo más que un hecho material.

En todas partes fue acogida como el símbolo de la fraternidad universal, como una garantía de seguridad en las relaciones sociales, como la aurora de una nueva era, donde deben extinguirse los odios y las discordias. Su importancia se comprende tan bien, que ya se cosechan sus frutos; pues entre los que la convirtieron en su regla de conducta reinan la simpatía y la confianza, que constituyen el encanto de la vida social; en todo espírita de corazón se ve a un hermano, con el cual es una dicha encontrarse, porque se sabe que quien practica la caridad no puede hacer ni querer el mal.

Esta máxima, pues, ¿ha sido promulgada por mi autoridad privada? Y si lo hubiera hecho, ¿a quién le habría parecido mal? Pero no; proviene de la enseñanza de los Espíritus, quienes la han tomado de la del Cristo, donde está escrita con todas las letras como piedra angular del edificio cristiano, a pesar de que quedó enterrada debajo de él durante dieciocho siglos. El egoísmo de los hombres se ocupaba de no dejar que saliera del olvido y se destacara, porque eso habría significado proclamar su propia condena; ellos prefirieron buscar su salvación en prácticas más cómodas y menos molestas. A pesar de que todo el mundo había leído y releído el Evangelio, con muy pocas excepciones nadie vio en él esa gran verdad, relegada a un segundo plano. Pero ahora, mediante la enseñanza de los Espíritus, es súbitamente conocida y comprendida por todos. ¡Cuántas otras verdades contiene el Evangelio, y que surgirán a su tiempo!

(Véase El Evangelio según el espiritismo, Cap. XV.)

Al inscribir en el frontispicio del espiritismo la ley suprema del Cristo, he abierto el camino del espiritismo cristiano. Así pues, tengo razones para desarrollar sus principios, así como los caracteres del verdadero espírita desde este punto de vista.

Revista Espírita

Periódico de Estudios Psicológicos
Año IX – N.° 4 – Abril de 1866.

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.