Educación

Dijo el Cristo: «Brille vuestra luz…»

Él, el Maestro Divino, es nuestra divina luz para la evolución planetaria. Antiguamente se consideraba a la recomendación del Señor un mero aviso, místico en su esencia; una convocatoria a los seguidores del culto externo de la escuela religiosa, a una supuesta posición de realce individual después de la muerte, en la imaginaria corte celestial. Sin embargo, hoy comprendemos que debemos aplicar esa enseñanza de Jesús cualquiera sea nuestra condición, día tras día. Incluso la ciencia terrestre ha llegado a reconocer la presencia de la luz en todas partes.

El cuerpo humano, luego de los estudios convenientes, ha revelado que no es materia formada por la cohesión molecular, sino una especie de vehículo energético cuya estructura está determinada por partículas infinitesimales que al atraerse y repelerse recíprocamente, producen el efecto de microscópicas explosiones de luz.

La Química, la Física y la Astronomía demuestran que el hombre terrestre habita un reino surcado por rayos. En la intimidad de ese glorioso imperio de energía se encuentran los rayos mentales, que condicionan a los elementos por medio de los cuales se expresa la vida. El pensamiento es una fuerza creadora que se exterioriza desde la criatura que lo genera, por medio de ondas sutiles, dentro de circuitos de acción y reacción en el tiempo.

El pensamiento es mensurable, como también lo es el fotón, que una vez impelido por el haz luminoso que lo produce recorre el espacio a una cierta velocidad y sustenta el hálito fulgurante de la Creación. Repetimos, entonces, que la mente humana es un espejo de luz que emite rayos y, asimismo, asimila rayos. No obstante, ese espejo permanece parcialmente aprisionado por las sombras espesas de la ignorancia, comparable a una piedra preciosa incrustada en rocas subterráneas o en los pliegues de un precipicio. Para que la mente llegue a retratar la irradiación celestial, o bien para que emita su propio brillo, es indispensable que se desembarace de las tinieblas, a costa del pulimento que le deparará el trabajo. Por consiguiente, tomamos nota de que la educación es una necesidad ineludible para todos los seres.

En su lección verbal, el Eterno Benefactor expresó en el modo imperativo la advertencia a que nos referimos: – «Brille vuestra luz». Eso quiere decir que el potencial de luz de nuestro espíritu debe llegar a resplandecer en la plenitud de su grandeza, y a tal estado solamente accederemos mediante una educación que propicie nuestro adecuado mejoramiento. Sin embargo, la educación considerada como el cultivo de la inteligencia y el perfeccionamiento del campo íntimo, educación que exalta el conocimiento, la bondad, el saber, la virtud, no habrá de conquistarse tan sólo por la fuerza de la instrucción impuesta desde afuera hacia adentro. Requerirá también la adhesión consciente de la voluntad, que cuando se consagra al bien por sí misma, sin constreñimientos, puede liberar y pulir el corazón, así como plasmar en él la faz cristalina del alma, capaz de reflejar la Vida Gloriosa y transformar el cerebro en una usina de energía superior, que proyecte reflejos de belleza y sublimación.

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro «Pensamiento y vida»

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.