Poseídos

473 ¿Puede un espíritu revestir momentáneamente la envoltura de una persona viva, es decir, introducirse en un cuerpo animado y obrar en vez y en lugar del que en él está encarnado?

«El espíritu no penetra en un cuerpo como tú en una casa, sino que se asimila con el espíritu encarnado que tiene los mismos defectos y las mismas cualidades para obrar de consuno22; pero siempre es el encarnado quien obra como quiere sobre la materia de que está revestido. Un espíritu no puede sustituir al que está encarnado; porque el espíritu y el cuerpo están ligados hasta el tiempo señalado para término de la existencia material.»

22 Según la RAE: De con-, so3 y uno1. 1. loc. adv. Juntamente, en unión, de común acuerdo.

474 Si no hay posesión propiamente dicha, es decir, cohabitación de los dos espíritus en un mismo cuerpo, ¿puede el alma estar bajo la dependencia de otro espíritu, de modo, que esté subyugada u obsesada hasta el punto de hallarse su voluntad hasta paralizada en cierto modo?

«Sí, y esos son los verdaderos poseídos; pero entiende que semejante dominación nunca tiene lugar sin participación del que la sufre, ya por su debilidad, ya por su deseo. A menudo se han tomado por poseídos a epilépticos o a locos que más necesitaban remedios que exorcismos.»

La palabra poseído, en su acepción vulgar, supone la existencia de demonios, es decir, de una categoría de seres de mala naturaleza, y la cohabitación de uno de ellos con el alma en el cuerpo del individuo. Puesto que, en aquel sentido, no hay tales demonios puesto que dos espíritus no pueden habitar simultáneamente en el mismo cuerpo, no existen poseídos en el sentido vulgar de la palabra. La voz poseída debe solo entenderla en el sentido de la dependencia absoluta en que puede encontrarse el alma respecto de espíritus imperfectos que la subyugan.

475 ¿Puede uno por sí mismo alejar a los malos espíritus y emanciparse de su dominación?

«Teniendo la necesaria firmeza de voluntad, siempre se puede sacudir el yugo.»

476 ¿No puede acontecer que la fascinación que ejerce el espíritu malo sea tal, que la persona subyugada no la aperciba? ¿Puede entonces un tercero poner término a la sujeción, y en este caso, qué condiciones debe reunir?

«Si es un hombre de bien, su voluntad puede cooperar recurriendo al concurso de los espíritus buenos; porque mientras más hombre de bien es uno, mayor imperio se tiene sobre los espíritus imperfectos para alejarlos y sobre los buenos para atraerlos. Sería, no obstante, impotente, si el que está subyugado no se presta a ello, y personas hay que se gozan en la dependencia que halaga a sus gustos y deseos. En todo caso aquel que no es puro de corazón ninguna influencia puede tener. Los espíritus buenos la desprecian y no temen los malos.»

477 Las fórmulas de exorcismo, ¿tienen alguna eficacia sobre los espíritus malos?

«No, y cuando estos espíritus ven que alguien toma la cosa por lo serio, se ríen y se obstinan.»

478 Hay personas de buenas intenciones que son, empero, obsesadas, ¿cuál es el mejor medio de librarse de los espíritus obsesores?

«Acabarles la paciencia, no hacer caso alguno de sus sugestiones y hacerles comprender que pierden el tiempo. Entonces, conociendo que nada pueden hacer se van.»

479 ¿La oración es un medio eficaz de curar la obsesión?

«Para todo es un poderoso auxilio la oración; pero sabed que no basta murmurar algunas palabras para lograr lo que se desea. Dios asiste a los que practican, y no a los que se limitan a pedir, Preciso es, pues, que el obsesado haga por su parte lo necesario para destruir la causa que en sí mismo atrae a los espíritus malos.»

480 ¿Qué hemos de pensar de la expulsión de demonios de que nos habla el Evangelio?

«Eso depende de la interpretación. Si llamáis demonio a un espíritu malo que subyuga a un individuo, destruida la influencia, habrá sido realmente expulsado. Si atribuís una enfermedad al demonio, curada ésta, diréis también que lo habéis expulsado. Una cosa puede ser verdadera o falsa, según el sentido que se dé a las palabras. Las mayores verdades pueden parecer absurdos, si no se mira más que la forma y si se toma la alegoría por lo real. Comprended y recordad esto; porque es de aplicación general.»

Allan Kardec

Traducido por José María Fernández Colavida
Extraído del “Libro de los Espíritus”

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