Sin miedos

La vida puede cambiar mucho cuando empezamos a confiar en el Padre, en la espiritualidad, es cierto que no es fácil entender eso, ya que hemos sido educados para desenvolvernos por nosotros mismos y por lo tanto creemos que todo es un desafío que no podemos dejar por sí solo, es como si viéramos la vida como un caballo que nunca lo podemos dejar de ver, al menos de controlar.

No creemos en casualidades, todo lo que no sale como queremos es malo, es mala suerte, queremos ver todo controlado y si no es así, entonces, tenemos un problema, todo en esta vida nos invita a ir en la dirección equivocada, justamente en el sentido contrario, como es normal nuestra voluntad y lo que tiene que ser parece que van en direcciones opuestas y si van en la misma dirección no van a la misma velocidad. Así una y otra vez cuando encarnamos pensamos así, pues tenemos en nuestro inconsciente el miedo de que algo va a salir muy mal, si un día va bien cinco irán mal y así siempre, somos así.

Hacemos que la vida sea difícil, con desafíos insuperables y con problemas enormes, todo tiene un calibre desafiante e insuperable, pero cuando todo pasa hemos sufrido un dolor y una angustia que nos hace sentirnos pequeños e ignorantes. Esto pasa con todo y nunca aprendemos, porque el miedo nos cultiva el alma, muestra consciencia sabe que tenemos que sufrir porque ser felices o al menos tranquilos, no es una opción. Nuestra opinión es la duda y la inseguridad donde nos lleva al sufrimiento perpetuo. Somos así, somos seres que nos cuesta creer que en la vida no son desafíos, son oportunidades donde muchas de esas oportunidades nos hacen crecer, pero nunca nos destruye, que es como vemos los problemas, como cosas que nos va a hacer daño. Siempre es así, cuando el alma sale de ese círculo de ansiedades es cuando gana seguridad y suele ser de anciano, en el mejor de los casos, porque muchas veces ni eso, todas las angustias nos acompañan hasta la tumba y más allá también.

Todo este ciclo debe acabar antes que nuestra vida sea un infierno, pues muchas vidas han sido un infierno porque el miedo tenía el control de nuestra mente, por el miedo hemos matado, por el miedo ha habido guerras, genocidios, muerte y destrucción, por el miedo hemos rozado la locura por el miedo hemos odiado a Dios, por el miedo hemos sido cobardes y por el miedo hemos sido asesinos y asesinados, un círculo vicioso donde el miedo controla nuestra vida.

El miedo es un instinto caducado donde seguimos alimentándolo y donde cuanto más lo alimentas más quiere, donde el miedo se alimenta de nosotros y donde ese miedo es capaz de enfermar hasta nuestra propia alma, somos temerosos de Dios como decían algunos, pero lo cierto es que somos temeroso de nuestra propia ignorancia, donde una cosa y la otra nos hace hundirnos en el peor de los lodos, que podemos estar en nuestra propia pequeñez que nunca queremos abandonar.

Cuando el hombre temeroso muere se da cuenta que el único lugar donde debía temer más que a cualquier cosa externa, estaba en su propio corazón, diciéndole constantemente que en su vida no hay nada que temer, pues siendo libre solo puedes hacer las cosas bien, solo puede estar con Dios donde el miedo no existe.

Espíritu Rafael

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