Pérdida del sentido ético existencial

El individuo tiene, incluso que inconscientemente, el germen del sentido ético de la existencia terrena.

Chispa del Psiquismo Divino que es, lleva en su interior del Yo profundo ese embrión que se desarrolla en la razón directa en que el conocimiento y la emoción predominan sobre los instintos primarios, abriendo espacio para la razón, el discernimiento, la evolución. Como su marcha es ascensional, cada paso dado significa experiencia nueva que se le incorpora, facultándole experimentar nuevos desafíos.

Desarrollando más la personalidad que la individualidad que es, se ve compelido en mantener la apariencia que torna sus conflictos desapercibidos de los demás miembros del grupo social, sin que los solucione o decida enfrentarlos de manera objetiva, consciente de su existencia.

Posterga, cuando le es posible, el auto enfrentamiento, pensando en apagar las tendencias, los impositivos emocionales no atendidos, que se le convierten en pesadillas o fantasmas siempre presentes, no obstante, ignorados.

Mientras sus esfuerzos por conquistar valores amonedados y posición social, amigos y relacionamientos agradables a su alrededor, trabajo y empleo mediante los cuales se pueda mantener y a la familia, cuando la tiene constituida, se cree libre de los tormentos que se derivan de las insatisfacciones no corregidas, de los conflictos sufridos en la fase perinatal, en torno de su aceptación o no en el seno familiar, de la infancia mal vivida, o de las herencias de existencias anteriores de las cuales procede.

Se es víctima de un fracaso de cualquier naturaleza, económico, social, emocional, orgánico, luego cae en la pérdida del sentido existencial creyendo que no existe más motivo para proseguir, ya que todo se le presenta sombrío y sin ruta de seguridad, a veces conjeturando hasta aterradoramente sobre la posibilidad de la fuga por el suicidio. En ese estado de desarmonía interior y de vacío psicológico, los suyos son raciocinios pesimistas-masoquistas, ya que la visión de la realidad se encuentra confundida con el trastorno que siempre es temporal, pero que puede asumir significado considerable, en razón de la importancia que le sea o no atribuida. Por otro lado, se consigue experimentar la canalización espiritual y vivió las emociones místicas profundas, el retorno al día a día lleva incomodidad y malestar, considerándose extraño donde ahora se encuentra.

Es inevitable tal ocurrencia, desde que la ascensión difícil a las cumbres es retribuida por el oxígeno puro, el paisaje infinito que los ojos alcanzan, el silencio musical del Cosmos, la soledad apasionante.

El retorno brusco al torbellino produce el choque natural de una gran caída en el abismo de lo ya conocido y no más deseado, el asfixiarse en la pesada atmósfera de las pasiones que pensaba haberse liberado, recomenzando la penosa marcha de vuelta, en la incesante búsqueda de la plenitud.

Se sugieren muchas técnicas psicoterapéuticas para los pacientes que experimentan ese vacío, esa pérdida del sentido ético existencial, de entre las cuales, un estudio biográfico del mismo, en el cual, narrando oralmente o por escrito su vida actual, rehaga la caminata desde los primeros pasos, a fin de poder identificar el origen de los conflictos y complejos que lo aturden o que le den inseguridad, el súbito desinterés por la vida.

Por extensión, la realización de un diario, por lo menos de los acontecimientos más importantes o significativos, que sean registrados, ofrecerá al terapeuta el paisaje consciente, así como los aspectos inconscientes que trabajan en favor del trastorno.

El paciente deberá ser consciente de lo que está utilizando psicológicamente, a fin de mejor responder cualitativamente en beneficio personal. En ese estudio profundo son resucitados algunos aspectos y características de los padres que influyeron en la formación de su personalidad y ahora surge de forma perturbadora. En tal cuadro, será posible hacerse una comparación entre los trazos de semejanza y de contraste con los familiares, con sus ascendientes, aquellos que más le marcaron la existencia, o que fueron resultado de incompatibilidades del medio donde vivió.

Resurgirán, en esa ocasión, las sub-personalidades que se encuentran sumergidas en lo más profundo y tiene ascendencia en determinadas situaciones emocionales sobre la personalidad predominante, siempre que el conflicto repunta amenazador.

El trabajo de integración de las sub-personalidades es de magna importancia para el establecimiento del comportamiento saludable, ya que, frente a la existencia de esos diferentes yos, que son responsables por distintas conductas, como aquella cuando la personas se encuentra a solas y lo que asume cuando en el medio social, y ahí mismo, a depender de la compañía, se dé destaque o sin importancia en el conjunto de los intereses económicos o políticos, manteniendo radicales transformaciones.

Lo mismo ocurre, cuando en el hogar o en la oficina, con amigos o con desconocidos, oportunidades en las cuales las actitudes se hacen muy diferenciadas, demostrando que varios yos se suceden, cada cual asumiendo un papel de importancia conforme la necesidad del momento.

William James, el psicólogo pragmatista americano, fue de los primeros a registrar esa ocurrencia, conforme sucedió con la fisiologista francés Pierre Janet al presentar la tesis de las personalidades múltiples o secundarias.

La búsqueda de la autorrealización no puede ser interrumpida en razón de los episodios menos felices que son parte del proceso de crecimiento moral y espiritual.

Renovada la aspiración de libertad y de nueva experiencia, los trazos psicológicos del paciente se van alterando para el equilibrio, mientras supera los conflictos y reduce las sub-personalidades, pasando a experiencia menos conflictivas y más gratificantes.

Para el éxito del emprendimiento, vale la pena añadir la técnica del servicio al prójimo, que constituye un estímulo para superar el desinterés existencial desde que la suya pasa a ser una vida útil, de la cual otras dependen, estimulándolo a continuar con la lucha, incluso que, momentáneamente, bajo dificultades que también promueven el raciocinio, la capacidad para el crecimiento interior, el valor para vencer impedimentos.

Cuando alguien no enfrenta desafíos, nunca madura psicológicamente, manteniéndose en la fase lúdica y fascinante de la infancia, sin sabiduría ni consciencia de su realidad existencial.

Toda vez, por tanto, que se dibujan sombras perturbadoras en los cuadros de la emoción, trabajando contra los valores éticos de la existencia – deber, realización, trabajo, alegría, inspiración para lo bello y lo útil, crepúsculo interior, necesidad de auto punición o episodios de autocompasión – se torna imprescindible buscar el recurso terapéutico, mediante el trabajo interior de renovación de los valores e ideales adoptados, recorrer a la ayuda técnica del psicoterapeuta, capaz de reactivar los centros de la vida, momentáneamente sumergidos en el mar agitado de los conflictos.

Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Pereira Franco
El despertar del Espíritu

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