Últimas palabras

Ya podemos sacar algunas conclusiones.

Vamos allá:

Usted no está preso por acaso.

Vino a parar a una prisión por el cumplimiento de la justicia de los hombres, por lo que hizo en esta vida o cumpliendo la justicia de Dios, por lo que hizo en vidas anteriores. No hay como negar la existencia de Dios.

Para eliminar a Dios tendríamos que explicar el Universo, que funciona como un reloj perfecto, sin la existencia del relojero. Algo como decir que este libro que usted está leyendo surgió de la explosión de una tipografía.

Todos ansiamos por justicia y bondad. Eso significa que Dios es justo y bueno, ya que, como sus hijos, tenemos forzosamente algo de su naturaleza. Como fuimos creados para la justicia y la bondad seremos siempre infelices, mientras no aprendamos a cultivar esas virtudes.

La Reencarnación no es una simple idea. Se trata de una ley divina que puede ser comprobada científicamente y que nos permite explicar las aparentes injusticias que existen en el Mundo. Sobre todo, demuestra que el comportamiento de las personas depende mucho de su edad espiritual. Espíritus más viejos son siempre más conscientes, más disciplinados, más virtuosos.

Hay muchas razones para no recordar nuestro pasado. Es muy bueno poder olvidarnos de nuestra relación con el mal. Es muy bueno empezar una nueva vida. Es muy bueno poder convivir con aquellos a quienes hayamos ofendido en el pasado, en vidas anteriores, buscando la necesaria reconciliación.

No estamos de viaje de vacaciones por el Mundo. Estamos aquí para evolucionar. La vida terrestre con sus sufrimientos y luchas es como una lija gruesa que desgasta nuestras imperfecciones más groseras.

No espere por el maestro Dolor. Es muy severo y no duda en usar la disciplina, imponiéndonos sufrimientos que podemos evitar. Evitemos su intervención combatiendo el mal que hay en nosotros, buscando una vida honesta y digna.  

Esté siempre en actividad, muévase. Los malos pensamientos, las ideas infelices, las iniciativas viciosas llegan siempre cuando no tenemos lo que hacer.

Estudie siempre. Tenga siempre buenos libros en las manos, libros que lo instruyan, enseñen, estimulen. Renovando nuestras ideas estaremos dando rumbos mejores a nuestra vida.

Ore siempre, buscando la unión con Dios. Hable con el Señor todos los días. Abra su corazón, cuéntele sus angustias y resentimientos, sus anhelos y recelos.

Confíe en Dios. Él es aquel padre que, según Jesús, nunca deja de atender nuestros ruegos cuando nos disponemos a hacer lo mejor.

Libérese de resentimientos y tristezas.

Es imposible recibir las bendiciones de Dios odiando a sus Hijos.

Busque hacer lo que Dios espera de Usted.

Cuide con cariño las semillas de bondad que hay en su alma. Haga que germinen, florezca, crezcan y fructifiquen. Entonces usted estará más cerca de nuestro Padre Celeste. 

No permita nunca que la idea del suicidio domine su Espíritu. Nadie muere. Somos inmortales. El suicida es un infeliz que se sumerge en sufrimientos mil veces peores.

No golpee la cabeza en las rejas. Rebeldía, desespero, inconformismo, solo complican nuestra vida. Todo tiene una razón de ser, hasta la prisión.

Cuidado con los vicios. Hacen el Cielo por algunos momentos y el infierno por muchos años, abreviando la vida y sumergiéndonos en penosos sufrimientos en el Más Allá.

No culpe a nadie por su situación. Cada cual pasa por las experiencias que necesita. Si usted coge hoy el mal que sembró ayer, trate de sembrar el bien para un futuro mejor. Guarde en su memoria la experiencia de los prisioneros de guerra, en el Rio Kwai. Ellos consiguieron sobrevivir en los campos del infierno, ayudándose unos a los otros. Usted también puede hacer eso.

Usted, como ellos, tiene el poder de transformar el peor lugar en un campo de Dios, ayudando a sus hermanos, enseñándolos, con la fuerza del ejemplo, que es posible vivir con dignidad incluso en una prisión.

Le deseo buena suerte en ese empeño, hermano mío.

¡Dios le bendiga e inspire en esa gloriosa realización!

Sepa de que Jesús, el Maestro por excelencia, el pastor bendito que nos lleva por las veredas rectas de la justicia, recibió con fiestas su iniciación en una vida más consciente, ajustada y feliz.

Termino dejándole la oración de Francisco de Asís, que resume todo lo que intenté pasarle en estas páginas.

Repítalo, todos los días… 

(Oración no existente) Nota del traductor.

Richard Simonetti
Huyendo de la prisión
Traducido por R. Bertolinni

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