Melancolía

“Los malos espíritus pululan sobre la tierra a causa de la inferioridad moral de sus habitantes: su acción maléfica es causa en parte de las miserias a que la humanidad está sujeta.

LA GÉNESIS – Capítulo 14º – Ítem 45.

Expulsa la melancolía de tu alma, ese huésped insistente que te envuelve en el dosel de mil amarguras, murmurando desanimo e inquietud.

Nadie está a solas en su dolor.

Melancolía es también enfermedad o síndrome de obsesión.

Ojos vigilantes contemplan tu aflicción; oídos discretos registran las llamadas de tu soledad.

Hay muchos que, acompañados, caminan en indescriptible soledad y hay solitarios, que, siguiendo, reciben la contribución de acompañantes fervorosos.

No supongas que las lágrimas estancadas en tus ojos ahoguen todas tus esperanzas, considerando que muchos ojos incapaces de filtrar el rayo luminoso se apagarán, experimentando en las lágrimas el dulce baño de restablecimiento.

Sal del capullo del “yo” y analiza las llagas expuestas de la humanidad en desajuste y no te atrevas a desconsiderar la misericordia divina, que coloca bálsamo en las heridas ocultas de tu corazón.

 Aligera el paso en la precipitada jornada del desespero.

Detén el corcel de tus aflicciones y haz el viaje de vuelta al oasis de la confianza divina.

Más allá de ti, en la víspera soleada, el lirio medra delgado y solitario, ¡embalsamando el aire para sufrir el colibrí aligerado que le roba su néctar y conduce el polen que lo reproduce más tarde!

Lejos de tu dolor hay dolores salmodiando sinfonías inarticuladas de resignación.

Si no puedes someterte al imperioso testimonio que te fustiga, inclínate sobre suelo de la paciencia y aguarda la madrugada del porvenir.

La noche que hace dormir a los sembradores laboriosos, despierta vigilantes para las tareas noctámbulas.

Hay esplendor en todas partes para quien desea descubrir tesoros en las estrellas fulgurantes en el crepé nocturno.

 ¡Espera, más, anima el buen ánimo!

La característica de la debilidad es la fragilidad de fuerzas en el punto vulnerable del sufrimiento.

Rogaste, antes del sumergimiento carnal, la alta concesión del testimonio en soledad, en abandono, sin parientes.

Ahora, acuérdate de Jesús, y en todas tus horas reparte de la mesa rica de las aflicciones, las pequeñas cuotas de tus rápidas sonrisas, con aquellas cuya boca se entorpeció en la inanición y no en la pueden abrir para entonar melodías de alegre esperanza.

Esparce la cuota de tu sudor, secando sudores que no encuentran ni siquiera una toalla gentil en manos compasivas para recoger sus gotas.

Si deseas sucumbir, pues, al peso egoísta de la inflamación de tus desencantos, dónate al Mártir Galileo y vuelve a tu vida, considerada muerta, un verdadero sendero sublime para aquellos que desean vivir y sobrevivir y no poseen combustible que les alimente la llama de la jornada carnal.

Seca tus lágrimas y busca a aquel Consolador preconizado por Jesús, que vendría a restablecer la verdad en la Tierra, y quedaría, en Su nombre, al lado de los hombres hasta la consumación de los tiempos.

Abrazado a ese sublime consuelo de la Doctrina Espirita, que te amplía, más allá de los horizontes de la vida, las perspectivas de la eternidad, sueña con tu alegre mañana y confía en el reencuentro más tarde, después que las sombras de la muerte se abatan sobre tus células cansadas y el sol glorioso de la vida te apunte el cielo sin fin de la felicidad.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

2 comentarios en “Melancolía”

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