¿Quién son ellos?

Segunda vez me preguntas:
¿QUIÉN SON ELLOS? por mi vida,
que fácil tu mente olvida
tan interesante acción.

Y esa novela, ese drama,
ha pasado ante tu vista,
y en él figura un artista
de un ardiente corazón.

Genio que cuando inspirado
toma paleta y pinceles,
siempre recoge laureles
para orlar su noble sien.

Feliz la mujer que alcance
su amor inmenso y profundo
que así hallará en este mundo
la ventura del edén.

Pues la pasión de un artista
engrandece la existencia,
eleva la inteligencia,
divinizando el amor.

Porque solo un genio puede
comprender esa ternura
esa suprema dulzura
de ese genio embriagador.

Bella flor cuyo perfume
al tocarla se evapora
y languidece inodora
hasta que llega a morir.

¡El amor…! Astro brillante
que hay que mirarle de lejos,
porque en sus fuertes reflejos
agostan nuestro existir.

Y ese amor grande y sublime
que a comprender pocos llegan,
que los escépticos niegan
en su amarga decepción.

Ese amor sintió el artista
por la misteriosa dama,
que según el mundo aclama
es mujer sin corazón.

Mas por Dios que es cosa rara
que siendo joven y bella
oiga de amor la querella
indiferente y glacial.

¿No le conmueve su acento
amante y apasionado?
¿tal vez su mente ha soñado
con algo más ideal?
¿No es un artista bastante
para comprender su alma?
¿o tal vez perdió su calma?

El otro, noble y apuesto
De arrogante continente,
que lleva escrito en su frente
un sello de maldición.

Vástago de ilustre rama
que sin patria y sin fortuna,
proscrito desde su cuna
es su misión padecer.

Noble ser, cuyo destino
cual anatema le lanza
a cumplir de una venganza
el triste y fatal deber.

Debe vivir sin amores
y en su vida siempre solo
cruzará de polo a polo
del mundo la inmensidad.

Y siempre fijos sus ojos
en el trasparente cielo
despreciará de este suelo
el amor y la amistad.

¡Más ay! su fatal estrella
conocer le hizo a LA DAMA;
de entonces su pecho inflama
noble y ardiente pasión.

Y por un sí de sus labios
el diera toda su vida,
aunque mirase perdida
del alma la salvación…

Hombre de pocas creencias
de ningunas afecciones,
que nunca tuvo ilusiones,
y que nunca supo amar.

Hoy de sí mismo se asombra
al ver que hay en su existencia
un amor, una creencia
que feliz le hace soñar.

Precito que, en el abismo,
posaba su fuerte planta
y que hoy su frente levanta
buscando un mundo mejor.

Hoy busca un Dios en la altura,
hoy tiene fe porque ama,
porque profesa a LA DAMA
un inextinguible amor.

Y tú que comprendes de ella
el más leve pensamiento,
dime si ese sentimiento
ha vencido su esquivez.

Si al ver esa alma rendida
por ese amor sobrehumano,
no le ha tendido su mano
apasionada tal vez.

Si permanece indecisa
y sigue mostrando enojos
al que le ofrece en sus ojos
todo un mundo de pasión.

No se entonces que decirte
de tan extraño capricho…
más diré como tú has dicho:
“¡misterios del corazón”

Amalia Domingo Soler

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