La siembra y la cosecha

Las ideas que intento pasar en estas páginas demuestran que todos nosotros estamos sujetos a un mecanismo de Causa y Efecto, sustentado por Dios.

Preguntará usted:

¿Qué es eso?

Es fácil entender. Causa y Efecto es un principio según el cual toda acción tiene una reacción correspondiente.

Lanza una pelota a la pared. Ella golpea y vuelve para mí.

Lanzo una piedra para arriba. Ella cae sobre mi cabeza.

En relación a nuestra vida es lo mismo:

Lo que hicimos ayer determina lo que enfrentamos hoy. Lo que hacemos hoy determinará lo que enfrentaremos mañana. Algo semejante a una siembra. Si usted siembra calabazas no va a recoger sandías. Si siembra espinos no nacerán flores…

En relación a las simientes no somos obligados a recoger el fruto de la siembra. Pero, en cuanto a nuestras acciones buenas o malas es diferente. La siembra es libre, pero la cosecha es obligatoria.

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Usted podrá sembrar lo que quiera; amor, odio, maldad, vicio, bondad, misericordia, violencia, ejercitando su libre albedrío, esto es, su libertad de escoger, de orientar los rumbos de su existencia. Pero, fatalmente, la Vida va a obligarlo a recoger todo el producto de su siembra, en la forma de sufrimientos o de dolores. Y así es que aprendemos lo que debemos y lo que no debemos hacer.

Es bueno repetir siempre:

Podemos engañar la justicia de los hombres, pero nunca engañaremos la justicia de Dios. Ella funciona en el interior de nuestra conciencia, haciéndonos felices o infelices, sanos o enfermos, en paz o en tormento siempre de conformidad con nuestras acciones.

Somos, pues, los constructores de nuestro destino.

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Es tontería querer culpar a nuestro padre, a la sociedad, a nuestro vecino, a nuestros parientes por lo malo que nos ocurre. Cada uno tiene la familia, el vecino, la sociedad que merece…

Y si hoy la vida es difícil, por lo que hicimos de equivocado en el pasado, podemos mejorar nuestro presente, esto es, vivir mejor y, sobre todo, podemos construir un futuro bendecido.

¿Cómo? Es sencillo.

Asumamos ante nosotros mismos el compromiso de no practicar el mal, cuidando solo de sembrar el bien. Para facilitar vamos a definir el mal y el Bien:

El mal es todo lo que puede perjudicar a alguien.

El Bien es todo lo que puede ayudar a alguien.

En cualquier lugar podemos realizar el esfuerzo de no perjudicar a nadie, evitando la violencia, la agresividad, la mala palabra… Tal vez le parezca difícil practicar el Bien.

Está preso, no tiene dinero, ni recursos…

Engaño suyo. Hay muchas maneras de ayudar. Voy a citar algunas:

Invite a compañeros para estudiar juntos este libro.

Conversando sobre las ideas, aquí presentadas usted beneficiará a muchas personas y entenderá mejor la voluntad de Dios.

Ore por los compañeros en dificultad, perturbados por la enfermedad, por la rebeldía, por la agresividad, por la revuelta…Eso puede ser hecho todos los días. Eleve sus pensamientos a Dios y pídale que bendiga a las personas que desea ayudar, citándolas nominalmente.

Colabore con alguien en una tarea cualquiera. Cuando tomamos la iniciativa de ayudar favorecemos al espíritu de colaboración donde estemos, tornando la convivencia más armónica y fraterna. Mantenga en orden y respete todo lo que sea de uso común.

El taller para la comida, el banco para descanso, la sala de aula, el cuarto de baño, serán siempre usados de forma provechosa y agradable si cuidamos bien de ellos.

No use palabras ásperas o injuriosas contra compañeros y autoridades. Cuando nos habituamos a cultivar las buenas palabras, viendo siempre el lado bueno de las personas, conseguimos milagros de paz para nosotros y para los otros.

Creo que es suficiente.

No pretendo transformar este libro en una receta de buenas maneras. Y sepa también que no estoy sugiriendo también que usted se transforme en santo del día para la noche. Solo estoy ofreciéndole algunas ideas que tendrán más provecho, menos sufrido, menos desajustado, ese periodo forzado en la presión. Colocar o no en práctica es una decisión suya.

Richard Simonetti
Huyendo de la prisión
Traducido por R. Bertolinni

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