La victoria aparente del mal

Las manifestaciones de violencia física y moral, tales como asesinatos, secuestros, corrupción, deshonestidad administrativa del bien común, manifestaciones y odio, de fanatismo y de preconceptos, que asolan el mundo actual, nos inducen a creer que el mal va a peor… Pero, en realidad, su recrudecimiento es señal de su desespero y su victoria es aparente. Las investidas del mal no escapan de la dialéctica que regula el proceso evolutivo de la Naturaleza. Cada manifestación suya trae implícita la propuesta de medidas para sanear sus efectos deletéreos. De esa forma, el mal practicado por el hombre va forzando su propia transformación, pues, como Espíritu inmortal y sometido a la ley de causa y efecto, recoge los frutos de su mala siembra como medida correctiva.

La tesis de que el bien podrá florecer del mal es para los materialistas contradictoria y absurda. El suelo endurecido debe ser rasgado por la lámina afilada del arado, tornándolo receptivo a la simiente y a la absorción de la bendición divina de la lluvia; sin la violencia del cincel la piedra bruta y deforme no se transformará en obra de arte; y, con el fustigo ardiente del horno, la arcilla blanda y sin belleza se torna cerámica valiosa y útil. Creemos, que el hombre no es malo por naturaleza. Confucio enseñaba que la tendencia natural del hombre es para el bien, así como la tendencia del agua es fluir para abajo. Se puede represar el agua y hacerla subir colina arriba, contrayendo su naturaleza. Cuando el hombre es forzado a hacer lo que no es bueno, su naturaleza está siendo manipulada, tal como el agua represada.

La gran mayoría de los hombres tienen dificultad en comprender que el mal es transitoria creación nuestra. Esa dificultad reside en el hecho de no admitir la reencarnación; que la existencia actual del individuo y de la sociedad refleja las acciones de las anteriores; que cogemos, en la actualidad, el bien es el mal que plantamos en existencias pasadas. Se pregunta donde esta Dios, que no ve tamañas escabrosidades, y porque, por el acto de su voluntad no transforma todo… Responde con mucha sabiduría el Mentor Gúbio – “(…) el Señor del Universo perfecciona el carácter de los hijos desviados de Su Casa, usando corazones endurecidos, temporalmente apartados de Su Obra (…) (1) Se engañan, por tanto, los hombres malos, cuando creen que están trabajando contra el Bien, porque, en realidad, son herramientas divinas al servicio de la ley de evolución, que hace con que todos nosotros seamos conducidos a Dios. “Luego, el propio hombre es un instrumento de que Dios se sirve para lograr sus fines, que son la perfección”. El mal es el bien enfermado. Khalil Gibran coloca en la boca de su profeta un elevado concepto del mal, al responder a los ancianos que le pedían hablase del bien y del mal. “Del bien que está en vosotros, dice el profeta, podré hablar, pero no del mal. “¿Pues qué es el mal sino el propio bien torturado por su hambre y sed?” (2) (Subrayamos)

El Codificador, preocupado con la maldad humana, preguntó a los Espíritus: “Bastante grande es la perversidad del hombre. ¿No parece que, por lo menos desde el punto de vista moral, el hombre, en vez de avanzar, camina para atrás?” “Te engañas. Observa bien el conjunto y verás que el hombre adelanta, pues mejor comprende lo que es mal, y va día a día reprimiendo los abusos. Es necesario que el mal llegue al exceso, para comprender la necesidad del bien y de las reformas.” (3) La respuesta del Espíritu fue profética, pues el bien nunca estuvo tan presente entre nosotros, a medida que el mal se excede.

Hagamos un ejercicio y retrocedamos en la línea del tiempo un poco más de medio siglo y allá no encontraremos las leyes de protección a los niños, al joven, al anciano; ni a los necesitados de cuidados especiales y a la mujer agredida; ni el amor y los cuidados especiales a los animales domésticos y la protección a los bosques; ni a la Naturaleza como un todo. Todas esas leyes y avances sentimentales surgirán en razón del abuso desmesurado de las ganancias, del egoísmo y crueldad de algunos. Actualmente, presenciamos manifestaciones de solidaridad de hombres buenos, que no tienen registro en el pasado, a no ser en casos aislados, mereciendo, por eso mismo, destaque.

No podemos ser indiferentes al nacimiento de organizaciones no gubernamentales destinadas a la orientación, protección y amparo de segmentos minoritarios de la sociedad, de niños abandonados, de mayores sin familia, de madres solteras, de enfermos odiados por el preconcepto admitiendo ser todo eso señal de la evolución del sentimiento de solidaridad de forma continua y organizada, y no solo manifestado en momentos de calamidades públicas, cuando hablan más alto las emociones y la seducción de los medios. La Tierra es la escuela milenaria de nuestra recuperación, Espíritus que nos rebelamos contra el Regimiento Divino. Para que el Planeta llegue a la condición de escuela regeneradora, nada más justo que seamos sometidos al proceso de perfeccionamiento, exigiendo de nosotros el ejercicio de la paciencia activa, de la fe con obras, del amor incondicional al prójimo y de la justicia social. Y son los temporalmente malos nuestros entrenadores.

Estimado lector, tenemos todos la misma preocupación: la de extinguir el mal. ¿Pero cómo hacer eso si no nos disponemos a combatirlo? Nos enseña la Sabiduría de lo Alto que el mal es oriundo de la negligencia del bien. Luego, debemos seguir el ejemplo de Jesús, no apenas predicando la Buena Nueva para quien nos quiera oír, sino, encima de todo, guerreando el mal con el bien; perfeccionando la práctica de la caridad en todas las direcciones; transformando el trabajo en fuente de paz; no permitiendo que el desánimo nos impida realizar buenas obras; cultivando la paciencia en los momentos difíciles de pruebas; admitiendo que el otro sufre tanto o más que cada uno de nosotros; escuchando la voz de la consciencia, sin dar ocasión a las conveniencias a nuestro favor; confiando siempre en la victoria de la luz, incluso cuando todo parezca estar bajo el dominio de la sombras…

Confiando en Jesús, que el Reino de los Cielos se hará entre nosotros.

Waldehir Bezerra de Almeida

Referencias:

(1) Francisco Cândido Xavier. Liberación. Por el Espíritu Andre Luiz. Cap. 2, p. 35.
(2) GIBRAN, Gibran Khalil. El profeta.
(3) KARDEC, Allan. El libro de los espíritus. Pregunta 784.

Revista “Reformador” Traducido por Jacob

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