En el rumbo de la Luz

“Progresar es condición normal de los seres espirituales y la perfección relativa el fin que les cumple alcanzar.”

LA GÉNESIS 11º – Ítem 9.

Resentimiento injustificado nubla la faz de tu alegría. Agasajándola, concedes tiempo precioso a la argumentación íntima innecesaria que te gasta en combate inútil.

Reclamas, porque compañeros livianos usaron tu nombre, haciéndote coautor de infamias o porque, infelices, se refieren maldosamente a tus expresiones, envenenando tus mejores conceptos, culminando por coronar de espinos tus más alentados sueños.

Sufres, porque deseas esclarecer, pretendiendo silenciar la boca de la calumnia con el esparadrapo de la inocencia.

Consideras que las informaciones despreciadoras te perjudican el trabajo tanto como la difamación puede corporificarse en “verdades aceptadas”. El desánimo surca la gleba donde aras, hábilmente instalado por tu falta de vigilancia.

Resérvate, pues, cuidados especiales.

Ten cautela, no en relación a lo que digan, a lo que piensen, a lo que crean los que te rodean, sino, en referencia a ti mismo.

Las agresiones de fuera no alcanzan realmente a quien busca la verdad y a ella se afervora, viviéndola, en cuanto es posible, en las provincias del mundo interior.

No te justifiques ni procures esclarecer. La verdad dispensa explicaciones. Simple, es persuasiva, cautivando a aquellos que la sintonizan.

Vigila las palabras y confía en la lección del tiempo que hará que se enfrenten a las informaciones y a los hechos, permitiendo panoramas legítimos. Ten en mente que sigues en el rumbo de la luz, y que nada te podrá detener.

¡Elegiste la vida verdadera!

Un gran mal para el espíritu es la impaciencia.

El tiempo, en la Tierra, es compañero infatigable, del cual nadie huye, ni se consigue robar. Inexorablemente gasta el granito, vuelve verde al desierto y da aridez al suelo fértil.

“El tiempo es la sucesión de las cosas” (*)

(*) La Génesis – Capítulo 6º – Ítem 2. Nota de la Autora espiritual

Todo se modifica sin prisa ni agitación. Todas las personas que, por esta o aquella razón se destacan en este o en aquel menester son rigurosamente vigiladas, tornándose del dominio público. Crean escuela sin desearlo; se hacen modelo sin pensarlo; quedan atormentadas sin percibirlo.

Se realizan para un ideal superior, no tienen tiempo para las futilidades, – incidentes inevitables de fácil superación. -Siguen al frente, para más allá. Si, entretanto, trabajan para sí mismas, empeñadas en la divulgación del nombre y de la obra, se pierden en las cercanías del camino y se desajustan, heridas por susceptibilidades y bagatelas ridículas.

Nadie queda indemne, cuando trabaja, a la maledicencia y a la astucia de los ociosos.  Todos sufren su persecución gratuita nacida en las fuentes del despecho y de la aflicción, envidiosa que las macera. Obra, por tanto, fervoroso y con confianza.

Los que te aman comprenderán siempre tus actos: no esperan de ti más de lo que es, más de lo que tienes, más de lo que puedes dar. Lloran con tus lágrimas, sonríen con tus alegrías, te ayudan siempre en la dificultad o en el triunfo. Los que te detestan se hacen más adversos quieran los esclarezcas o no.

Utilizando un argumento justo creerán que eres vivaz; aplicando una evasiva te llamarán hipócrita; sacrificado, dirán que te exhibes en las ropas de la falsa humildad; tranquilo, se burlarán, nombrándote como explotador irresponsable.

Intentar cambiar la cara de las cosas a golpes de precipitación sería como pretender avanzar en el futuro, anulando la sabiduría que los minutos marcan.

Produce preocupado con el objetivo de hacer lo mejor a tu alcance y, en la certeza de que agradar a todos es positivamente ambición desmedida, no pretendas realizarla.

Retornando a los sitios queridos de Cafarnaúm, después de realizar las más sublimes labores y sucesos junto a los corazones humanos descuidados, el Maestro fue interrogado astutamente por aquellos que deseaban “sorprenderlo en alguna palabra”, para tener medios de aniquilarlo.

“¿Está permitido pagar impuestos al césar o no?”

Conociendo sus malas intenciones, Jesús replicó:

—¡Hipócritas! ¿Por qué me tienden trampas? Muéstrenme la moneda para el impuesto.

Y se la enseñaron.

—“¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” —les preguntó.

—“Del césar” —respondieron.

—“Entonces dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.” (1)

(1) Mateo 22 – 17 a 21

Sin retoque en la enseñanza que desde hace veinte siglos brilla como advertencia incuestionable, da tu cuota de amor, abnegación y trabajo a Dios, en la siembra donde hoy sirves bajo los auspicios del Espiritismo y demórate sereno, ya que los aficionados del Cesar tendrán siempre medios para perturbarte, deseosos de dificultar tus aspiraciones superiores con el Padre.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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