Situaciones obsesivas

Las situaciones, generalmente, no presentan gravedad y pueden ser tratadas relativamente fácil a través de la metodología espírita. Sólo en un número pequeño de casos hay factores que predisponen a la degeneración del proceso, culminando en subyugación o fascinación. En las obsesiones más graves, casi siempre se encuentran situaciones donde el enfermo tiene un alto índice de endeudamiento frente a las leyes de Dios. En esos casos, se percibe todavía la presencia marcada, ostensible, de un Espíritu obsesor y de circunstancias morales en el paciente que facilitan la evolución del estado mórbido.

En todos los casos de obsesión hay siempre dos lados unidos. En un lado está el obsesado, aquel que sufre la agresión del obsesor. En el otro, está el obsesor, que provoca la agresión, dando origen a la obsesión. En la patología obsesiva hay varias situaciones de dominio espiritual, que precisan ser bien comprendidas a fin de contribuir con la finalidad de la terapia espírita. Citaremos los casos posibles que pueden ocurrir, teniendo como objetivo facilitar el trabajo de los adoctrinadores, pues, como veremos, será preciso actuar en las dos vertientes del proceso, para solucionarlo de forma conveniente.

Se puede tener las siguientes situaciones obsesivas:

– De desencarnado a encarnado

– De encarnado a desencarnado

– De desencarnado a desencarnado

– De encarnado a encarnado

– Auto-obsesión

– Obsesión recíproca

De desencarnado a encarnado.

Se trata de la obsesión convencional, conforme Allan Kardec nos dice en las obras básicas. Es un proceso obsesivo más común y de mayor incidencia. Todas las personas poseen la franja psíquica con la cual sintonizan. Cuando la insistencia de esa influencia se sitúa en el campo de la influencia de los Espíritus atrasados, aparece ahí el fenómeno obsesivo. Las razones de la obsesión son diversas, como ya tuvimos oportunidad de verificar.

De encarnado a desencarnado.

Aunque esa situación obsesiva no sea muy común, ella se observa en casos en los cuales personas encarnadas pueden ejercer sobre Espíritus desencarnados una influencia magnética muy grande. Tales sucesos pueden ocurrir en ocasiones en que alguien pierde un ser querido y alimenta hacia él un amor posesivo. El deseo de quien está del lado material en permanecer ligado a aquel que partió y el lamento desmedido, pueden establecer lazos fluídicos bastante poderosos entre ambos. Casos entre padres e hijos; entre amantes; entre enemigos; situaciones que envuelven disputas por herencia, etc., ya fueron observados y clasificados como siendo entre “encarnado y desencarnado”.

De desencarnado a desencarnado.

Espíritus que atormentan Espíritus son un drama que se desarrolla tanto en la Tierra como en el plano espiritual. En las sesiones de mediúmnidad es muy común en los médiums tener contacto con entidades que se quejan de estar siendo perseguidas por verdugos invisibles. En la Revista Espírita, del mes de junio de 1860, en el artículo “Conferencias familiares más allá de la tumba”, Allan Kardec evoca al espíritu de la Sra. Duret y propone lo siguiente:

Pregunta: ¿El Espíritu que obsesó un médium en vida, puede obsesarlo después de la muerte?

Respuesta: La muerte no libera al hombre de la obsesión de los malos Espíritus: es la figura de los demonios, atormentando a las almas sufridoras. Si, esos Espíritus los persiguen después de la muerte y les causan sufrimientos horribles, porque el Espíritu atormentado se siente en un abrazo de que no se puede librar.

De encarnado a encarnado.

Personas obsesándose entre ellas, existen en gran número. La obsesión entre vivos se puede manifestar a través de sentimientos de envidia, pasión, deseo de poder, orgullo y odio. Tenemos como ejemplo, situaciones de relación interpersonal, como el marido que limita la libertad de la esposa; la esposa que somete al marido a sus caprichos; padres que se creen con derecho de limitar la libertad de los hijos; pasiones que terminan en dramas dolorosos, pactos de suicidio, asesinato, etc.

Auto-obsesión.

En la auto-obsesión, como ya vimos, la mente del enfermo se encuentra en una condición enferma, donde él se atormenta a sí mismo. Las causas de este tipo de obsesión, residen en los problemas anímicos del paciente, o sea, en sus propios dramas personales, vividos en esta o en otras encarnaciones. “No es raro que el hombre sea obsesor de sí mismo” – (Allan Kardec, en Obras Póstumas, ítem 58)

Obsesión recíproca.

Son situaciones de persecución en que dos Espíritus alimentan odio el uno por el otro o son esclavos de las mismas pasiones. Algunos casos pueden clasificarse como de verdadera simbiosis, donde uno se alimenta de los desequilibrios del otro. Puede acontecer entre encarnados y desencarnados.

Extraído del libro » Técnicas de desobsesión»

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