La muerte de su hijo en el mar

¡Llorar eternamente es tu destino!
Víctima de tu suerte desgraciada
los abrojos alfombran tu camino.
¡Eres, noble mujer, desventurada!

Solo tu inmenso amor al Ser divino,
te hace vivir tranquila y resignada…
¡Tú sufrimiento y tu dolor deploro,
y uno mi canto con tu amargo lloro!

Te arrebató, la muerte inexorable
tus objetos de amor y de ternura,
los que hicieron tu vida tan amable
con su amorosa y célica dulzura…

Mas la fatalidad siempre insaciable
no calmando su sed tu desventura,
y ávida de dolor, sangrienta dijo:
“yo necesito la vida de tu hijo”

Con una muerte que triture el alma,
un sentimiento de dolor terrible…
que nunca puedas recobrar la calma
conque el “olvido” brinda bonancible…

Que alcances del pesar la triste palma;
¡pero un pesar tan triste y tan horrible…
que no puedas hallar en tu agonía
ni aun el consuelo de la tumba fría!…

Y tu hijo tierno, tu ilusión más pura,
único goce que te diera el mundo,
modelo de valor y de ternura
de un talento gigante y sin segundo…

¡En alas de su amor y su ventura
veloz cruzaba el piélago profundo,
y al tocar en las costas españolas
tumba le dieron las rugientes olas!….

Hay dolores tan grandes en la vida
que nada basta a mitigar su duelo,
algunos necios te dirán: “¡olvida!”
y aumentarán si es dable tu desvelo…

A tu inmenso pesar, madre afligida,
tan solo Dios te prestará consuelo;
¡Único que comprende el gran problema
del llanto amargo que tu rostro quema!

Si en algo yo comprendo ese quebranto,
que tu aliento vital va consumiendo,
y a fuerza de verter mares de llanto
tu vida y tu placer va destruyendo….

Es porque yo también afecto santo,
cariño fraternal por él sintiendo
en la noche callada y solitaria;
¡por él pido al Eterno, en mi plegaria…!

Amalia Domingo Soler. Noviembre 17 de 1857

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