Cuna

Con excepción de los planes elaborados para obras especiales – obras en las que Espíritus misioneros administran las reservas fisiológicas a fin de crear reflejos de la Vida Superior entre los hombres, para impulsarlos a una mayor elevación -, la cuna del presente es el retrato de lo sucedido ayer.

El camino comenzado en una determinada existencia es la prolongación de los caminos recorridos en las encarnaciones que la precedieron. En la Tierra, la investigación científica llega hasta el agotamiento en el estudio de la trasmisión de los caracteres biológicos. Los núcleos de cromosomas al igual que los vehículos citoplasmáticos, los factores ambientales tanto como las genealogías familiares, son considerados por los genetistas para resolver la ecuación de los problemas del origen, y naturalmente, de sus indagaciones surgen resultados notables, como los referidos a los caracteres morfológicos y a las sorpresas de la adaptación.

No obstante, el escalpelo de la observación humana todavía no ha conseguido trasponer el recinto externo de la constitución orgánica. Se ha detenido en el examen de la conformación, la estatura, la pigmentación o el grupo sanguíneo, es decir, en los aspectos alusivos a la filiación corpórea, mientras que los meandros de la herencia psíquica aún son inaccesibles a los sondeos de la inteligencia terrestre.

La células germinales son simientes vivas que reproducen nuestros clisés de conciencia en el trabajo imperceptible de la formación de un cuerpo nuevo. Dentro del recinto uterino, el reflejo predominante de nuestra individualidad impresiona la chapa fetal, es decir, el conjunto de principios germinativos que forjan los cimientos del nuevo instrumento físico, y sella nuestro destino según las tareas que deberemos ejecutar en el mundo, dentro de un determinado segmento de tiempo.

No está implícita en ello la tendencia al determinismo absoluto. Nadie puede suprimir el libre albedrío, y precisamente con él establecemos las causas del sufrimiento o de la reparación en nuestros destinos, dentro del determinismo relativo con el que marchamos hacia más elevadas formas para nuestras emociones y pensamientos, a la conquista de la libertad suprema.

Por el trance de la muerte física regresamos a la Vida Mayor, con una suma de realizaciones que no siempre coinciden con las que deberíamos haber conseguido. Las imágenes que transportamos de la permanencia en la carne constituyen, en muchas ocasiones, fantasmas temibles nacidos de nuestras propias culpas, que nos demandan reajuste y pago, y dan forma para nuestros sentidos a un infierno torturante donde quejas y pesares se confunden. Sin embargo, la Justicia Fiel misericordiosamente nos concede la bendición de volver otra vez al inicio. A través de la cuna retomamos el contacto directo con quienes son nuestros acreedores o nuestros deudores, para saldar los débitos que hemos contraído con ellos, cuyo balance efectivo está minuciosamente contabilizado en las Leyes Divinas. Por lo general, renacemos en la Tierra condicionados por nuestras deudas o de conformidad con nuestras necesidades, y para este fin asimilamos la esencia genética de quienes son afines con nuestro modo de proceder y de ser. Los problemas de la herencia provienen, en general, de los reflejos mentales que nos caracterizan. También es cierto que, a veces, abnegados corazones cultivan el suelo del amor con su sacrificio, para atraer hacia sí a corazones desdichados, y dan amparo transitorio en sus brazos a seres monstruosos, aberrantes, en disonancia con el elevado nivel en el que ya se han instalado.

No obstante, esas excepciones se deben a la capacidad de renuncia de tan abnegados seres, gracias a la cual hacen emerger de las regiones infernales a antiguos lazos afectivos, distanciados por el tiempo, en uso del divino atributo de la caridad. Según la regla general de este mundo, empero, nuestra cuna es el reflejo de nuestras necesidades, y nos corresponde honrarla, mientras estemos reencarnados, con un digno trabajo de restauración, de mejoría o superación, con la certeza de que fuimos traídos o atraídos a ella por los problemas de la regeneración o, incluso, de la autonomía que nos falta, para que recompongamos nuestro destino con vistas al futuro.

Dictado por el espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro «Pensamiento y vida»

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