Dios no desampara

«Y le di tiempo para que se arrepintiese de su prostitución y no se arrepintió.» – (Apocalipsis, 2:21.)

Si el Apocalipsis está repleto de símbolos profundos, eso no impide que vengamos a examinarle las expresiones, compatibles con nuestro entendimiento, extrayendo las lecciones susceptibles de ampliarnos el progreso espiritual. El versículo mencionado proporciona una idea de la generosidad del Altísimo, en la consideración de las fallas y defecciones de los hijos transgresores.

Mucha gente insiste por la rigidez e irrevocabilidad de las determinaciones de origen divino, entretanto, nos compete reconocer que los corazones inclinados a semejante interpretación, aún no consiguen analizar la esencia sublime del amor que apaga deudas obscuras y hace nacer un nuevo día en los horizontes del alma.

Si entre jueces terrestres existen providencias fraternas, como son las de la libertad condicional, ¿sería constituido el tribunal celeste por inteligencias más duras e inflexibles?

La Casa del Padre es mucho más generosa que cualquier figuración de magnanimidad presentada, hasta hora, en el mundo, por el pensamiento religioso. En sus abundantes graneros, hay préstamos y moratorias, concepciones de tiempo y recursos que la más vigorosa imaginación humana jamás calculará.

El Altísimo suministra dádivas a todos, y, en la actualidad, es aconsejable medite el hombre terreno en los recursos que le fueron concedidos por el Cielo, para el arrepentimiento, buscando renovarse en los rumbos del bien.

Los prisioneros de la concepción de justicia implacable ignoran los poderosos auxilios del Todo-poderoso, que se manifiestan a través de mil modos diferentes; con todo, los que procuran su propia iluminación por el amor universal saben que Dios da siempre y que es necesario aprender a recibir.

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro «Pan nuestro»

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