Negociaciones con desencarnados

“La prohibición de Moisés era justa, porque la evocación de los muertos no se originaba en los sentimientos de respeto, afecto o piedad para ellos, siendo antes un recurso para adivinaciones, tal como augurios y presagios, explotados por el charlatanismo, y por la superstición. Esas prácticas, al parecer, también eran objeto de negocio y Moisés, por más que hiciese, no consiguió apartarlos de las costumbres populares.”

EL CIELO Y EL INFIERNO – 1ª parte – Capítulo 11º – Ítem 4.

Cuentan que Periandro, el tirano de Corintio, después de la desencarnación de Melisa, su esposa, mandó evocar a su espíritu, a través de un famoso médium de Dodona, en Epiro, a fin de informarse en cuanto el lugar en que fue enterrado un tesoro y cuyo secreto se lo llevó a la tumba.

El espíritu, sin embargo, rechazó divulgar la información bajo la alegación de que el marido olvidó prestarle algunos homenajes póstumos. Consciente de la queja de la “sombra”, mandó Periandro que se hiciesen las ceremonias, después de que, el espíritu dio los pormenores solicitados.

Desde la más remota antigüedad las sombras de los muertos eran convocados al comercio con los hombres, en nefandas uniones, alargando y manteniendo en el más allá del túmulo los vínculos con las pasiones turbulentas y mezquinas que los caracterizaban, con resultados casi siempre decepcionantes…

En todos los pueblos las ofrendas a los desencarnados eran hechas a través de evocaciones burlescas y salvajes, en las cuales se pretendía un intercambio rentable e inmediato.

Tales prácticas, a pesar de ser degradantes, se alargaron por los siglos y, aun hoy, no son pocos aquellos que suponen encontrar en las modernas sesiones mediúmnicas del Espiritismo cristiano, las posibilidades de negociar con los desencarnados en propuestas ridículas, vaciados en los más elocuentes despropósitos.

Médiums hay que sintonizan con espíritus de todo quilate.

Espíritus hay que se complacen en intercambio con médiums poseedores de los más abyectos sentimientos. El Mundo Espiritual es residencia fija de los viajantes del mundo corporal…

Aquí y allí las condiciones de vida se asemejan, las circunstancias morales tienen los mismos matices.

No hay porque extrañar que repunten en todo lugar las informaciones apasionadas de este o de aquel negociante de las mercaderías mediúmnicas, relatando descubrimientos valiosos, donando posibilidades de vida fácil y sin esfuerzo, deslumbrados por lo que los Espíritus dicen y se proponen hacer…

Los desencarnados, aunque considerados muertos viven, e incluso los menos esclarecidos pueden informar, esclarecer, hablar del pasado, pensar, hombres que fueron, espíritus que son, con preferencias, con aspiraciones.

Tienes, pues, la Doctrina Espírita para tu consuelo y ruta. No te miente para agradar, no te engaña para conquistar.

Consuélate y recomienda cuidado con el error y el crimen.

Guíate y libérate de las pasiones.

Delante del sufrimiento no alude al dolor con evasivas, utilizando la disculpa de tan buen paladar para los tréfagos. Pero te habla de los errores de ayer que hoy rescatas, y, cuando separado de quien amas por esto o aquel motivo, no digas vanas promesas y locas esperanzas, esclareciendo que el impedimento de ahora es lección para el futuro, preconizando fraternidad y amor en moldes elevados y libertadores.

No te engañes ni engañes a nadie.

El Espiritismo es como la luz – no permite equívocos.

Prometido por Jesús y por Él mismo denominado Consolador, el Espiritismo ayuda al espíritu a ascender, aunque sea a través de la cruz de provocaciones que otra no fue, sino aquella misma que el Maestro llevó al Calvario, y en el cual enseñó liberación y felicidad perenne a la Humanidad, milenios afuera, en sublime negociación de amor sin fin.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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