A mi madre

¡Cuánto tiempo hace ya, madre querida,
que estrecharte no puedo con mis brazos!
¡Oh! Con cuanto placer diera mi vida
por formar otra vez tan dulces lazos.

Una madre es la flor, puede decirse
que brota de este mundo en los abrojos…
¡Infeliz de aquél que vio extinguirse
la luz hermosa de sus tiernos ojos!

¡Al perder una madre, el sentimiento
angustia al corazón, y es tal la pena…
que trastorna abatiendo el pensamiento
y un recuerdo y no más, el alma llena.

Y se piensa en un Dios Omnipotente;
Y se busca otro sol, y otras regiones
y ese noble dolor que el alma siente
ennoblece también nuestras pasiones

Mas no queda al mortal otra esperanza
que la santa virtud, de Dios emblema…
¡Oh! ¡Dichoso de aquel a quién no alcanza
de la triste orfandad el anatema!…

¡Si vieras cuanto sufro, madre mía!
¡Cuánto te llora el corazón doliente!…
¡Cuán triste para mí no es este día
al mirar que tu imagen se halla ausente!

Tú que estás junto a Dios allá en la altura;
que miras mi dolor, que ves mi llanto,…
¡Implora su piedad! y mi amargura,
mitigue su poder eterno y santo.

Amalia Domingo Soler

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