Dinamismo para la paz

“El bien y el mal son practicados por la función del libre albedrío y, por consiguiente, sin que el Espíritu sea fatalmente impelido para uno u otro. Persistiendo en el mal, sufrirá las consecuencias por tanto tiempo como dure, la persistencia del mismo modo que, dando un paso para el bien, siente inmediatamente benéficos efectos.”

 EL CIELO Y EL INFIERNO 1ª parte, Capítulo 7º – Ítem 20.

Dificultades, todos enfrentamos por la ruta evolutiva.

Aflicciones, todos experimentamos en el ejercicio de la sublimación.

Ansiedades, todos tenemos en la ejecución del programa de liberación íntima.

Sin embargo, porque accidentes del camino ocultan la meta de destino no significa esto el desaparecimiento del objetivo para alcanzar. Ni porque la noche señoreándose en la bóveda celeste esparce sombras, deja de adornarse el firmamento con astros que fulguran, confirmando el sol presente…

Se hace necesario que la lucha ardua sea continua para que se compruebe la excelencia del lidiador. Y en ese particular el estudiante del Evangelio no tiene motivos para extrañeza.

Renacido bajo la marca de débitos pasados, es obligado a la recuperación en la senda de la acción ennoblecedora, no consiguiendo evadirse de la celda del compromiso sin los daños de la fuga por la puerta de la irresponsabilidad.

Estigmatizado interiormente por la aflicción punitiva a que se hace merecedor como correctivo adecuado, no encuentra lugar de reposo ni sitio de paz, sino entre los brezos de la tarea renovadora y los guijarros de los deberes.

Afervorados, pues, al ideal y vitalizado por el Evangelio se alimenta de esperanza para, apaciguado, proseguir sin deserción.

Convidado a donar, todos esperan que te dones integralmente.

Instado a amar, todos aguardan que tu amor se individualice en relación a cada uno sin que te olvides de nadie, olvidado, sin embargo, de ti mismo.

Llevado a ayudar, todos esperan que tus brazos sean siempre como conchas de socorro sin tiempo de ayudarte, consonante los patrones de la vida que todos pueden vivir.

Sucede, de ese modo, que el cristiano verdadero carga el Cristo para todos y, al conducirlo, se renueva y vive naturalmente.

Pero no se pertenece.

No se permite premios.

Donándose no se puede prender, amando no aguarda amor y ayudando no le es permitido predilección en la manera de ayuda a extender.

Se torna el hermano de todos, se hace comprensión para todos.

Es una gota de paz en el océano de los conflictos.

No desanimar, pues que, poseyendo la paz de espíritu, es mayordomo de tesoros que lo capacitan al sacrificio y a la redención.

A fin de que la paz del Cristo te aparte los obstáculos, las aflicciones y los anhelos, haz un programa de manutención y asistencia, facilitándole la continuidad en los recónditos del ser.

Disciplina el tiempo y estudia la Doctrina de los Espíritus en el cual absorbas equilibrio; selecciona pensamientos, vitalizando solo los que edifican, para madurarlos por la meditación, a fin de que se corporifiquen como benefactores; visita dolores mayores que los tuyos con alguna frecuencia; acompaña un féretro, al lado de los que experimentan la ausencia del ser querido, para acordarte de la propia desencarnación, que luego llegará; descarga la tensión nerviosa en un trabajo físico con regularidad; distribuye algo personal para entrenar el desapego a las cosas que quedan en la retaguardia, y ora, con asiduidad, a fin de que las olas de la aspiración superior visiten tu casa mental y lubriquen piezas y complementos del aparato eléctrico del sistema nervioso que te sirve de sustentáculo.

 Libérate de los celos – llaga atroz.

Aniquila la duda – sombra perturbadora.

Expulsa la sospecha – adversaria cruel.

Disuelve la pereza – paralizador maldito.

Anula la cólera- servidor criminoso.

Combate la malicia – tóxico aniquilante.

Da tu esfuerzo para que recibas el refuerzo necesario.

No hay ofrendas sin base de mérito relativo en los campamentos de la evolución.

La corriente eléctrica produce si el dínamo genera energía y los aparatos funcionan si es ajustada al ciclo por donde corre la potencia energética.

Teniendo en el Cristo el dínamo potente para generar corriente incesantemente, ajústate a su esquema de servicio para que brillen y se muevan en ti la paz y la felicidad de que careces, y vencerás dificultades, aflicciones, ansiedades, viviendo una vida armoniosa en una ascensión perfecta y liberadora.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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