Reencarnación y la evolución humana

Supongamos una ciudad que tenga 1.000 niños en la edad propia para entrar en la escuela. El municipio tiene sólo 50 plazas para ofrecer. El primer día los admitimos, sólo en la cantidad de las plazas, tienen el uniforme, de un modelo exclusivo de la escuela, son presentados al profesor, José Antonio, que estará con ellos todo el año.

Bueno, ese profesor recibe, a mitad de medio año, la visita de un amigo que vive en una ciudad grande muy lejos de allí. Ese amigo visita a los alumnos de José Antonio y analizándolos nota que aprendieron algunas cosas, pero no muchas. Al año siguiente, un nuevo grupo es admitido. Vuelve ese amigo del profesor y le dice a él que los alumnos no aprendieron nada más allá de lo que ya sabían el año pasado, estaban casi exactamente en el mismo punto que el año anterior. Es más o menos esa la visión de los que quieren combatir la reencarnación usando el argumento de que el mundo no evoluciona.

Así como el amigo del profesor José Antonio no se dio cuenta de que los alumnos eran otros, por estar con el mismo uniforme pensó que eran los mismos alumnos. Una cosa igual ocurre en relación al ser humano que causa la impresión de que no evolucionó. Comparando con la escuela, el uniforme es el mismo – el cuerpo físico – mientras, los espíritus son otros – los alumnos – aquellos niños excedentes al número de plazas que fueron admitidos a medida de las plazas libres. A partir de cierto tiempo tendremos alumnos de varias clases y aun muchos para entrar en la escuela, así como en relación a los que quieren reencarnar y no lo consiguen ya que las plazas, por aquí también son pocas. Fuera de eso aún existen los pesimistas que sólo quieren mirar el mundo por el lado negativo. Olvidan que los medios de comunicación sólo buscan divulgar lo que causa sensacionalismo, por eso los hechos negativos son priorizados. Y toda vez que se enciende, por ejemplo, una TV, está dando la noticia de un crimen.

La población mundial aumentando considerablemente en relación a los tiempos antiguos, tiene relativamente menos crímenes que antiguamente, sólo que hacen mucho más barullo que los primeros. Si los del pasado tuviesen la divulgación que tenemos hoy, tal vez causarían la misma impresión que los de ahora están causando a algunas personas. Una reflexión más profunda, podrá llevarnos a cuestionar sobre si realmente las cosas están incluso empeorando; las guerras en menor número, no tenemos más creencias religiosas siendo impuestas a hierro y fuego, los duelos fueron totalmente extinguidos, la esclavitud de los negros abolida, la emancipación de la mujer, la preocupación con los viejos, los niños y los animales, la asistencia a los necesitados, las guarderías, los asilos, los grupos de apoyo y protección a la dignidad del ser humano, la preocupación en preservar la naturaleza, los que optan por las comidas vegetarianas o alimentos sin agrotóxicos, la búsqueda en democratizar los medios de intercambio entre los pueblos, son, entre otros, factores indicativos de la evolución humana.

Otro indicativo, que todos nosotros observamos, es que los niños de hoy son más inteligentes que los de antiguamente. Aunque algunos crean que la evolución tenga que ocurrir de un día para el otro, las cosas son más lentas de lo que deseamos. Si para Dios mil años son como si fuese un día, la voluntad de Dios se cumple sin prisa alguna, hecho que no conseguimos entender, pues nuestra referencia temporal es limitada. Pero de cualquier forma, si las cosas aún están en ese punto, es por una absoluta incapacidad de las religiones tradicionales en conseguir moralizar a los hombres, una vez que sus líderes poco les importan los verdaderos valores de la vida. A ellos las únicas cosas que les interesan son el poder y el dinero.

Se cuenta que Jesús, yendo por un camino, en compañía de sus discípulos, ven por delante un perro muerto. Los discípulos después de resaltar el mal olor que exhalaba del cadáver en descomposición, entretanto, les dijo Jesús: “Qué lindos dientes tenía él”. Así, queridos lectores, nuestra óptica es la que dará color a los hechos. Tendremos en nuestro campo visual aquello para lo cual dirigimos nuestra mirada, entre tanto, en ese campo, por ejemplo, tanto se puede ver la belleza de las rosas como sus puntiagudas espinas, la decisión es nuestra. ¿Pero si nuestra opción fuera mirar las espinas eso no quiere decir que las rosas no sean bellas, no es así?

Paulo da Silva Neto Sobrinho

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