A la Dama de las flores

Tú que vives en un mundo
de los hombres ignorado,
un mundo que te has creado
en tu divina ilusión;

Donde se halla el sentimiento
la grandeza y la ternura
donde eleva el alma pura
hasta el cielo su oración:

En esa región hermosa
de luz, aromas y flores,
¿Va siempre tras los amores
el desengaño glacial?

¿Se conocen esas horas
por el dolor intranquilas
que bañan nuestras pupilas
de llanto horrendo y fatal?

En ese mundo tan bello
que tu pensamiento encierra
¿Es lo mismo que en la tierra
breve y fugaz el placer?

¿Es la amistad un delirio?
¿No tiene el amor memoria?
¿Es una ilusión la gloria?
¿Es realidad padecer?

¿Se vive sin ilusiones?
¿Muere la fe y la creencia?
¿Se desliza la existencia
tan árida como aquí?

¿Se miran pasar los años
En inerte oscurantismo
y se duda de sí mismo
en amargo frenesí?…

¿Hay en tu mundo esa risa,
esa hueca carcajada
esa contracción helada
que desgarra el corazón

esa risa que los necios
no comprenden en la tierra?
¿Esa risa que en sí encierra
desencanto y decepción?

¿En tu mundo, si un suspiro,
angustiada el alma arroja,
hay un eco que le acoja
y le vuelva a repetir?

¿Hay una mirada amiga?
¿Hay una voz de consuelo
que nos diga que hay un cielo
donde termina el sufrir?

¿En tu mundo vive el genio
del pintor y del poeta?
¿A la lira y la paleta
se le rinde admiración?

¿Se comprende a los artistas?
¿Se venera su alta gloria
y los presenta la historia
cual reyes de la creación?

Dime, dime, si en tu mundo
se haya amor, paz y ternura;
si allí encuentra la criatura
consuelo para su mal.

Porque en el mísero suelo,
un alma tierna, elevada
es cual la flor trasplantada
a un infecundo erial.

Perdiendo aroma y colores
replegando su corola,
véjeta, olvidada y sola
hasta que llega a morir.

Entonces sus horas leves
las lleva el viento hasta el cielo,
y la brisa sin consuelo
va en la enramada a gemir.

¡La brisa!, fiel mensajera,
de lágrimas y suspiros;
que cruza en inciertos giros
por ignorada región.

Yo siempre escucho tus ecos
con dulce y triste sonrisa;
porque tu voz indecisa
es la voz del corazón.

Tú vas recogiendo ansiosa
la esencia de los amores,
y vas dejando en las flores
tu caricia celestial..

¡Leva tú mi pobre acento
a ese mundo de ternura
donde se haya un alma pura,
noble, grande, inmaterial!

No pierdas, no, ni un sonido
de aquella voz armoniosa;
y en la noche silenciosa
cuando eleve mi oración

Tú me contarás la historia
de este mundo ignorado,
que un ángel bello ha creado
en su divina ilusión.

Amalia y Domingo Soler

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