Padres e hijos

La paternidad y la maternidad son siempre resultado de vínculos pretéritos. El triángulo constituido por padre, madre e hijo siempre resulta de una continuidad necesaria para todos los envueltos en la nueva constelación familiar, donde también hermanos y parientes próximos son, normalmente, uniones de encarnaciones anteriores. Nuestras deudas se hacen, muchas veces, dentro del núcleo familiar y retornamos para corregir los antiguos desamores, en el mismo medio. Nuestros hijos son espíritus. Son espíritus con los cuales ya tuvimos anteriormente importantes vínculos. Con relación a la naturaleza de estos vínculos, podremos clasificarlos en vínculos de afectos y de discordia.

Muchas veces, las dificultades vividas por dos personas generan entre ellas un odio mutuo u otra unión estrechamente unida por las energías deletéreas de sentimientos inferiores. Son vínculos creados por los desamores del pasado. Una vez establecida el recíproco intercambio de las vibraciones desorganizadoras, se crea una unión magnética que atará mutuamente a los dos individuos. No sólo el amor, sino el odio unen a las personas. Una unión en el sentido de dependencia energética que en algunos casos llega a consecuencias extremas.

Terapia de Olvido

Espíritus ligados uno al otro, requieren una situación de terapia, que muchas veces sólo encuentra la solución adecuada en la anestesia del pasado, apagándose temporalmente los recuerdos perturbados a través de una nueva encarnación. Son comunes los “reencuentros” del pasado, en el contexto familiar. Pero la encarnación, en su función educadora, mantendrá a los dos cerca, creando condiciones para que haya un vínculo de amor entre ambos. Al renacer bajo el mismo techo, en el templo del hogar, por el instituto divino de la reencarnación, anestesiados por la sabia ley del olvido del pasado, caminarán hacia el perdón recíproco, para el mutuo aprecio que, inexorablemente, romperá las cadenas del odio. Aquel rosado bebé (o color de chocolate según el caso), que ahora el padre o la madre abrazan y acarician emocionados, muchas veces es una víctima del pasado que ahora recibirá la atención y los cuidados que le eran justamente debidos.

Padre y madre se pueden enternecer ante la dulce, suave figura de un bebé. La ley de la reencarnación propició condiciones para que en este instante, víctima y verdugos se abracen, lloren de emoción y pasen a desarrollar una nueva experiencia: la experiencia del amor.

Ricardo di Bernardi.

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