Suerte de los niños después de la muerte

197 ¿El espíritu de un niño, muerto en edad temprana, está tan adelantado como el de un adulto?

«A veces mucho más, porque puede haber vivido mucho más y tener más experiencia sobre todo si ha progresado.»

– ¿El espíritu de un niño puede, pues, estar más adelantado que el de su padre?

«Este es un caso muy frecuente, ¿por ventura no lo veis a menudo en la tierra?»

198 El espíritu del niño que, por haber muerto en edad temprana, no pudo hacer mal, ¿pertenece a los grados superiores?

«Si no ha hecho mal, tampoco ha hecho bien, y Dios no le libra de las pruebas que ha de sufrir. Si es puro, no depende de que fuera niño, sino de que estaba más adelantado.»

199 ¿Por qué se interrumpe a menudo la vida de la infancia?

«La duración de la vida del niño para el espíritu que en él está encarnado, puede ser complemento de una existencia interrumpida antes del término deseado, y su muerte es con frecuencia una prueba o una expiación para sus padres.»

– ¡Qué hace el espíritu de un niño que muere en edad temprana?

«Vuelve a empezar una nueva existencia.»

Si solo una existencia tuviese el hombre, y si después de ella quedase decidida para siempre su suerte futura, ¿cuál sería el mérito de la mitad de la especie humana, que muere en edad tierna, para disfrutar, sin haber luchado, de la dicha eterna, y con qué derecho sería eximida de las condiciones, tan duras a veces, impuestas a la otra mitad? Semejante orden de cosas no podría estar conforme con la justicia de Dios. Dada la reencarnación, todos son iguales, a todos pertenece el porvenir sin excepción y sin favoritismo, y los últimos que llegan solo a sí mismos pueden culparse. El hombre debe tener el mérito de sus actos, como tiene la responsabilidad de ellos. Por otra parte, no es racional considerar la infancia como un estado normal de inocencia. ¿No vemos niños dotados de los peores instintos en edad en que no ha podido la educación ejercer aún su influencia? ¿No los vemos que parecen haber traído, al nacer, la astucia, la falsedad, perfidia y hasta los instintos del robo y del asesinato, no obstante, los buenos ejemplos que les rodean? La ley civil absuelve sus crímenes; porque, según dice, obran sin discernimiento, y tienen razón, porque, en efecto, obra más por instinto que deliberadamente. Pero, ¿de dónde pueden provenir

esos tan diferentes instintos de niños de una misma edad, educados con las mismas condiciones y sometidos a las mismas influencias? ¿De dónde, si no de la interioridad del espíritu, procede esa perversidad precoz, puesto que ninguna parte toma en ella la educación? Los que son viciosos, lo son porque sus espíritus han progresado menos, y sufren entonces las consecuencias, no de sus actos de niño, sino de los de sus existencias anteriores, y así una misma es la ley para todos y a todos alcanza, la justicia de Dios.

Allan Kardec

Traducido por José María Fernández Colavida
Extraído del “Libro de los Espíritus”

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