Ilusión y realidad

Un joven noble y hermoso
de mirada altiva y fiera,
contempla la faz severa
de su buen padre y señor.

Entró y un joven y un anciano
curioso ha de ser sin duda
el diálogo que se anuda,
le escucharemos lector:

Bien sabéis vos que cuento veinte abriles,
yo ambiciono del mundo los placeres,
quiero cruzar sus mágicos pensiles
donde vagan bellísimas mujeres.

De ilustre nombre de preclara cuna
hermoso porvenir ante mí veo,
dejadme, pues, luchar con la fortuna
y veréis cual realizo mi deseo.

Anhelo conquistar en las batallas
un renombre inmortal que nunca muera,
quiero pisar las arenosas playas
del mundo que Colón a España diera.

Ansío ver el decantado Oriente,
la patria de Gazules y Zegries,
esa raza dichosa e indolente
que duerme entre diamantes y rubíes.

Quiero cantar como cantaba el Dante;
tener de Rafael el dulce encanto,
y el ama grande y corazón gigante
del héroe augusto que venció en Lepanto.

Quiero morir legándole a la historia
una página escrita con laureles;
del magnífico templo de la gloria
quiero pisar los mágicos dinteles….

La gloria, es un fantasma, un desvarío;
creación aérea de entusiasmo ardiente,
que engalana el mortal a su albedrío…
¡Quien corre en pos de un sueño está demente!

Más si tanto ambicionas, hijo mío,
penetrar ese caos tan imponente…
Quiero salvar tus juveniles años
de funestos y amargos desengaños.

Yo heredé de mis ínclitos mayores
ilustre nombre y elevada cuna;
yo te puedo legar blasón y honores;
mas no puedo dejarte una fortuna.

Proscripto en esta tierra de dolores…
¡ay! jamás gozaras de dicha alguna,
que entre el linaje de Caín maldito
el no ser poderoso es gran delito.

¿De qué sirve al mortal talento y ciencia
para ser desgraciado sin segundo,
deslizando su mísera existencia
sumido en el pesar grande y profundo?

Al morir una gran inteligencia…
exclama entonces el mezquino mundo:
“¡La memoria lloremos de un gran hombre
y orlemos de laurel su hermoso nombre!”

¡Y tal vez de ese genio se mofaron
su orgullo y dignidad necios hirieron
su mísero existir envenenaron:
sus bellas ilusiones destruyeron;
(Y cuando ya en la tumba le miraron
inútiles aromas le ofrecieron…)

¡Oh mundo pobre, miserable y necio;
lo que vales alcanzo y te desprecio!
no dejes no, tus plácidos hogares;
no abandones los tuyos por extraños;
deja el curso seguir de aquellos mares
no agostes en ellos, tus mejores años…

Encontrarás en apartados lares
decepciones no más y desengaños…
¡No olvides, noble joven, mi consejo:
que es voz de la verdad, la voz de un viejo!

Amalia Domingo Soler

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.