Transmigración progresiva II

192 ¿Se puede desde esta vida, observando una conducta perfecta, franquear todos los grados y llegar a ser espíritu puro, sin pasar por otros intermediarios?

«No; porque lo que el hombre cree perfecto está muy lejos de la perfección, y hay cualidades que le son desconocidas y no puede comprender. Puede ser tan perfecto como lo permita su naturaleza terrestre; pero ésta no es la perfección absoluta. Así como el niño, por mucha que sea su precocidad, ha de pasar por la juventud antes de llegar a la madurez, así también el enfermo pasa por la convalecencia antes de recobrar toda la salud. Y además, el espíritu ha de progresar en ciencia y moralidad, y si solo en un sentido ha progresado, es preciso que progrese en el otro para llegar a lo alto de la escala. Pero mientras más adelanta el hombre en la vida presente, menos largas y penosas son las pruebas siguientes.»

– ¿Puede el hombre por lo menos asegurarse desde esta vida una existencia futura menos sobrecargada de amarguras?

«Sin duda que sí, pues puede abreviar la extensión y dificultades del camino. Solo el indolente se encuentra siempre en el mismo punto.»

193 En sus nuevas existencias, ¿puede el hombre descender a más baja condición de la que ocupaba?

«Respecto de la posición social, sí; pero no considerado como espíritu.»

194 ¿El alma de un hombre de bien puede, en una nueva encarnación, animar el cuerpo de un malvado?

«No; porque no puede degenerar.»

– ¿El alma de un perverso puede llegar a ser la de un hombre de bien?

«Si, si se arrepiente, y entonces la transformación es una recompensa.»

La marcha de los espíritus es progresiva y nunca retrógrada; se elevan gradualmente en la jerarquía, y no descienden de la altura a que han llegado. En sus diferentes existencias corporales pueden descender como hombres; pero no como espíritus. Así el alma de un potentado de la tierra puede más tarde animar el más humilde artesano, y viceversa; porque los rangos entre los hombres están con frecuencia en razón inversa de los sentimientos morales. Herodes era rey, y Jesús, carpintero.

195 La posibilidad de mejorarse en otra existencia, ¿no puede inducir a ciertas personas a perseverar en el mal camino, creídos de que más tarde podrán corregirse?

«El que así piensa no cree en nada, y tampoco le contiene la idea de un castigo eterno, porque su razón la rechaza, y semejante idea conduce a la incredulidad sobre todas las cosas. Si solo medios razonables se hubiesen empleado en la dirección de los hombres, no habría tantos escépticos. Un espíritu imperfecto puede, en efecto, pensar lo que tú dices durante su vida corporal; pero una vez desprendido de la materia, piensa de muy distinto modo, porque pronto comprende que ha calculado mal, y entonces es cuando trae un sentimiento contrario en una nueva existencia. Así es como se realiza el progreso, y he aquí por qué tenéis en la tierra hombres más adelantados que otros. Unos tienen aquella experiencia de que carecen otros; pero que adquirirán paulatinamente. De ellos depende precipitar su progreso o retardarlo indefinidamente.»

El hombre que ocupa una mala posición desea cambiarla lo más pronto posible. El que está persuadido de que las tribulaciones de esta vida son consecuencia de sus imperfecciones, procurará proporcionarse una nueva existencia menos penosa, y este pensamiento, más que el del fuego eterno, en el que no cree, le alejará del camino del mal.

196 No pudiendo los espíritus mejorarse más que sufriendo las tribulaciones de la vida corporal, ¿se deduce que la vida material es una especie de tamiz o depuratorio, por el que deben pasar los seres del mundo espiritista para llegar a la perfección?

«Sí; exactamente, es así. Se mejoran en esas pruebas evitando el mal y practicando el bien. Pero solo después de muchas encarnaciones o purificaciones sucesivas, alcanzan el objeto hacia el cual se dirigen en un tiempo más o menos largo, según sus esfuerzos.»

– ¿Es el cuerpo el que influye en el espíritu para mejorarle, o el espíritu en el cuerpo?

«Tu espíritu lo es todo; el cuerpo es una vestidura que se pudre; todo se reduce a esto.»

El jugo de la vid nos ofrece una comparación material de los diferentes grados de la purificación del alma. Contiene el licor llamado espíritu de vino o alcohol, pero debilitado por una multitud de materias extrañas que alteran su esencia, y no se obtiene su pureza absoluta sino después de muchas destilaciones, en cada una de las cuales se desprende de alguna impureza. El alambique es el cuerpo en que ha de entrar para purificarse, y las materias extrañas vienen a ser como el periespíritu, el cual se purifica a medida que el espíritu se aproxima a la perfección.

Allan Kardec

Traducido por José María Fernández Colavida
Extraído del “Libro de los Espíritus”

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