Considerando el sufrimiento y la aflicción

Si en lugar de concentrar su pensamiento sobre el vestido exterior lo fijase en el origen de la vida, en el alma, que es el ser real que sobrevive a todo, se dolería menos de su cuerpo, origen de tantas miserias y dolores

EL CIELO Y EL INFIERNO 1ª parte, Capítulo 2º – Ítem 4.

He aquí los mezclados en todo lugar.

Sufrimiento causado por la evocación de un amor violento que pasó rápido, es aflicción de quien, no habiendo amado, desea esclavizarse innecesariamente. 

Sufrimiento consecuente del deseo de perseguir cuando le gustaría hacerlo, es aflicción, porque, perseguido, no tiene oportunidad de también perseguir.

Sufrimiento por el dolor que se acoge en el corazón, santificando el espíritu, es aflicción en frente del dolor, por no poder hacer cuanto le gustaría, comprometiéndose mucho más.

Sufrimiento nacido en el desequilibrio de la ambición que desplazó la línea básica del carácter, y aflicción, porque, deseando y poseyendo tanto no puede disfrutar cuanto pensaba gozar.

Sufrimiento derivado de la rebeldía de no ser feliz en los moldes que planeó, y aflicción por tener la felicidad al alcance de las manos, constatando, pues, cuanta oscuridad y llanto se guardan bajo el manto brillante de esa felicidad.

Sufrimiento por mucho tener y comprobar que nada tiene, y aflicción por nada tener y descubrir cuanto podría tener.

Sufrimiento en la cruz de los desajustes emocionales, y aflicción causada por los desajustes en la cruz del deber reparador.

Sufrimiento en quien lucha por la rehabilitación, y aflicción en quien, errando, no tiene fuerza para rehabilitarse,

Sufrimiento que fustiga, y aflicción buscada para fustigar.

Es, sin embargo, el sufrimiento una vía de purificación, y la aflicción un medio liberador para quien, manteniendo el encuentro con la verdad elige, en la recuperación consigo mismo, después de las múltiples Luchas del camino por donde jornalea, cuando desatento e infeliz.

Con Jesús aprendiste que sufrir, recuperándose interiormente, es libertarse, y afligirse, buscando renovación, es ascender.

Esfuérzate, valeroso, en el esfuerzo de la eliminación del mal que aun reside en ti, pagando el tributo del sufrimiento y de la aflicción a la consciencia.

Recuerda que antes de la mañana clara y luminosa de la Resurrección del Maestro hubo la sombra de la traición y la infamia de la Cruz, como enseñanza de que, precediendo la madrugada fulgurante de la inmortalidad triunfal, enfrentarás la noche de silencio y testimonio como preaviso de la radiosa fiesta de luz y libertad definitiva, que alcanzarás por fin.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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