Futilidades

El expositor hablará largamente de los inconvenientes de considerarse al Espiritismo una religión. Erudito, palabra fácil, impresionó a la asistencia con la seguridad de su argumentación, recordando reiteradas veces, que la expresión “religión” tiene connotaciones infelices, sugiriendo ceremonias y oficios, ritos y rezos, que comprometen la pureza doctrinaria. Al cerrarse la reunión, Silveira, antiguo trabajador de la Siembra Espírita, estudioso de los principios doctrinarios, pidió permiso para exponer algunas ideas para exteriorizar sus dudas.

El conferenciante accedió de buena voluntad, iniciándose el diálogo:

-Considerando sus esclarecimientos, ¿qué debemos declarar por ocasión del censo, en el ítem “religión”?

-Bien… esa es una cuestión a estudiar, ya que es importante saber cuántos somos en el país.

-¿Y nuestros niños, cuando en la escuela donde hay orientación religiosa? Deben comparecer a las aulas o simplemente informarán “No tengo religión, porque soy espírita”

-Es otro asunto a pensar, ya que difícilmente los pequeños tendrían condiciones para atender el problema y, tal vez, hasta decidir optar por una iniciación en religiones tradicionales, a fin de no sentirse marginados.

-¿Y en cuanto a la oración? Siendo una manifestación religiosa, creo que deberíamos evitarla. Lo mismo haríamos con ese “vicio” de iniciar y cerrar reuniones espíritas con una oración. Tal práctica “llega” al ritualismo.

-¡No, eso, no! ¡La oración es un recurso fundamental de comunión con la Espiritualidad! ¡Kardec se reporta a ella como indispensable para nuestro equilibro! Las bendiciones de Dios se derraman por el Universo, pero para cogerlas es preciso preparar el corazón, cultivando pensamientos, elevándose las alas de la oración…

-Hay otros problemas. ¿No sería provechoso suprimir de la literatura espírita “El Evangelio Según el Espiritismo”? al final, se trata de un libro eminentemente religioso, que analiza en profundidad el Nuevo Testamento, pretendiendo enseñarnos cómo caminar al encuentro de Dios… Pienso que idéntica solución cabría en algunos abordajes en la obra de la Codificación. En el “El Libro de los Espíritus”, en la pregunta N.º 625, el mentor espiritual sitúa a Jesús, que encarna el pensamiento religioso occidental, ¡como la más alta figura de la Humanidad! Y peor: ¡En “Obras Póstumas”, Kardec llega al extremo de sugerir una profusión de fe razonada espírita, semejante al “credo” católico! Es muy de la iglesia, ¿no lo cree así?

-Infelizmente, no puedo estar de acuerdo sería un crimen mutilar las obras básicas.

-Hay otras soluciones ineludibles: acabar con la aplicación del pase magnético, con las reuniones de vibraciones, con las manifestaciones de “guías”, con el Evangelio en el Hogar”… ¡Tales prácticas tienen el “trazo” de la religiosidad! Voy más allá: deberíamos combatir vehementemente esa manía de los espíritas de practicar la Caridad, porque, en el fondo, está siempre presente la intención de conquistar el Cielo por el ejercicio del Bien, de la misma forma que hay creyentes que pretenden conquistarlo con frecuentar las iglesias.

-¡Calma, amigo mío! –Replica, perplejo el expositor.– ¡Usted está diciendo desatinos!… Tales actividades representan lo que hay de mejor en el movimiento espírita a favor de la Fraternidad, ¡para la construcción de un Mundo mejor!

-Tiene razón. –Comenta Silveira, sonriente.– Vea, mientras, que, llevada a las últimas consecuencias su intención de que preservemos la pureza doctrinaria con la eliminación del carácter religioso del Espiritismo, fatalmente acabaríamos por concebir las providencias a las cuales hice referencia. Además, si perduraran iniciativas como la suya, en breve tendremos compañeros defendiendo la idea de que el Espiritismo no es Ciencia, porque el Espiritismo es inaccesible a los procesos de experimentación en un laboratorio o no es Filosofía, porque no tiene el lenguaje arrebatado de los filósofos.

Y concluyendo la conversación, remató, incisivo:

-No perdamos tiempo con discusiones fútiles que no llevan a nada, y acaban por perturbar a los servidores de buena voluntad, convocados al trabajo, a la solidaridad y a la tolerancia, según la máxima de Kardec. Vivir y caminar para Dios, la Meta Suprema. Cualquier idea filosófica o moral que nos estimule a ese empeño tiene consecuencias religiosas, incluso cuando sus adeptos se prendan a manifestaciones exteriores. Pretender eliminarlas del Espiritismo mediante la supresión de su aspecto religioso, es algo tan desatinado como prohibir a una criatura alimentarse por no saber comportarse en la mesa.

Richard Simonetti
Extraído del libro «Cruzando la calle»

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