Concentración mental

La noche del 24 de marzo de 1955, recogimos, de nuevo, la palabra de nuestro amigo espiritual André Luiz, que nos habló respecto a la concentración mental.

Amigos, mucho se habla en concentración mental. Círculos de fe se concentran en llamamientos intempestivos a Cristo. Se concentran compañeros de ideal con impecable silencio exterior, sustentando inadecuado alarido interno. Sin embargo, es forzoso indagar en nosotros mismos qué recursos estaremos reuniendo.

¿Simplemente palabras o simplemente súplicas? Sabemos que la justa demanda debe apoyarse en el derecho justo. Situando la cabeza entre las manos, es imprescindible no olvidar que nos cabe centralizar en semejante actitud los resultados de nuestra vida cotidiana, los pequeñitos premios adquiridos en la regeneración de nosotros mismos y las vibraciones que estamos esparciendo a lo largo de nuestro camino.

Es por ello que ofrecemos, sin pretensiones, a los compañeros, algunos puntos que consideramos de importancia en la garantía de nuestra concentración espiritual.

1º No olvide, fuera del santuario de su fe, el concurso respetable que le compete dentro de él.

2º Preserve sus oídos contra las tubas de calumnia o de la maledicencia, sabiendo que debe escuchar para la construcción del bien.

3º No preste su verbo a las palabras indignas, a fin de que las sugestiones de la Esfera Superior encuentren su boca limpia.

4º No ceda sus ojos a la fijación de las faltas ajenas, entendiendo que fue llamado a ver para auxiliar.

5º Cumpla su deber cada día, por más desagradable o constrictivo que le parezca, reconociendo que la educación no surge sin disciplina.

6º Aprenda a encontrar tiempo para convivir con los buenos libros, mejorando sus propios conocimientos.

7º No se entregue a la cólera o al desánimo, a la liviandad o a los deseos infelices, para que su alma no se convierta en una nota desafinada en el conjunto armonioso de la oración.

8º Camine en el clima del optimismo y de la buena voluntad para con todos.

9º No cuelgue su imaginación en el ceniciento perchero de la queja, ni imagine el mal de nadie.

10º Cultive el auxilio constante y desinteresado a los otros, porque, en el olvido del propio “yo”, podrá entonces concentrar sus energías mentales en la plegaria, a la vez que, de ese modo, su pensamiento se elevará victorioso para servir en nombre de Dios.

Dictado por Diversos Espíritus

Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro «Instrucciones Psicofónicas»

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