Cuchara y garganta

Imaginemos que la lengua es la cuchara del sentimiento. Pensemos que el oído sea la garganta del alma. Lo que manifestamos es un ingrediente para la digestión espiritual.

La bondad es pan invisible.

La gentileza es agua pura.

El optimismo es un reconstituyente.

El consuelo es un analgésico.

El esclarecimiento edificante es una vitamina mental.

La paciencia es un antídoto del tóxico.

El perdón es una cirugía reparadora.

La queja es vinagre.

La censura es pimienta.

La crueldad es veneno.

La calumnia es un corrosivo.

La conversación inútil es un exceso enfermizo.

La maledicencia es comida en mal estado.

Cuando hablamos edificamos.

Cuando hablamos destruimos.

Cuando hablamos herimos.

Cuando hablamos medicamos.

Cuando hablamos curamos.

Dijo el Divino Maestro: «Bienaventurados los pacificadores…»

Utilicemos para con los otros el alimento de la paz, porque si ofrecemos paz a los otros garantizamos la paz para nosotros mismos. Y con la paz conseguiremos disponer de espacio y tiempo terrestres en dimensiones mayores, a fin de que aprendamos y podamos, realmente, servir.

Espíritu Hilario Silva

Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira.
Extraído del libro «Espíritu de verdad»

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