Paradojas

“El rigor mata los buenos sentimientos; Cristo no se negaba a nadie; el que a él se dirigía, cualquiera que fuese, no era rechazado: la mujer adúltera y el criminal eran socorridos por él; no temía nunca rebajar su propia consideración. ¿Cuándo pues le tomaréis por modelo de todas vuestras acciones?”.

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO Capítulo 11º – Ítem 12.

A un observador apresurado muchas actitudes del Maestro, en el ejercicio de la Buena Nueva, pueden parecer extrañas, sino paradójicas.

Cercado por las necesidades del pueblo, a todo instante necesitaba aplicar las nobles enseñanzas con la persuasión del ejemplo, convidado a los más complejos testimonios de fidelidad al mensaje de amor de que se hacía instrumento excelente.

No buscó aislamiento improductivo para evitar el contagio del crimen o de la liviandad.

Ni se tiró, imprudente, en la solución de los problemas ajenos o en la ecuación de las luchas de clases.

Todo hizo, y dijo, teniendo en vista al espíritu inmortal elucidando, incansable, que todas las cosas proceden del interior. Luego, renovado, el hombre renueva toda la Tierra.

Difiere, ese mensaje de amor, de todo lo que se recibió hasta entonces.

Ni la austeridad de Elías, aguardando abundancia en gruta yerma.

Vive al sol, se viste como todos, participa de las actividades diarias, trayendo las lecciones a la actualidad de las ocasiones entre las emociones y los conflictos del corazón popular.

Su expresión es toda de aliento y la felicidad surgiéndole de los labios en melodías dulces y entusiastas.

La Buena Nueva, con Él, es felicidad desde las gratificaciones.

Predicando la castidad, comprende Jesús a la mujer sorprendida en adulterio.

Enseñando virtud, escoge mordaz samaritana de vida irregular para emisario del Mensaje…

Enseñando fidelidad al deber, recibe Judas, un débil, que traicionaría la Causa.

Despreciado por los nobles de Israel, concede entrevista a un príncipe del Sinedrio, Nicodemo, el doctor de la Ley…

Amando los laboriosos, esclarece la inmediatista María…

…. Y sabía de la debilidad de Pedro, de la codicia de Salomé la atormentada esposa de Zebedeo, de las angustias de la inquieta María de Magdala, de las iniquidades de los amigos, de las torpezas de los comensales.

Los asistió a todos, envolviéndolos en los suaves doseles de infinita bondad.

De esos, pocos siguieron su doctrina.

No los censuró, no les reprochó el carácter.

Les pidió, solo, para que no retornasen a los sitios de la degradación ni continuaran los lazos con la criminalidad.

Pero no se contaminó con ellos, los infelices.

Descendió a los sufrimientos, encendiendo la luz.

En el Evangelio son esos personajes, aquellos con los cuales más nos identificamos.

Simbolizan esperanzas para nosotros.

Sus problemas reflejan nuestras dificultades.

Sus incertezas y limitaciones, amparadas por el Maestro, nos estimulan a no desanimar ni retroceder.

Nos enseñan a caer para levantar y proseguir.

Nos ayudan a insistir en el bien, de corazón ansioso, para conseguir un espíritu pacificado. Aunque pueda ser estudiado en laboratorios, mediante la comprobación por la investigación experimental de los Agentes Inmortales, la idea espirita consoladora es vertida para las masas desoladas y tristes, para el conturbado espíritu humano.

Penetra las elites intelectuales y se detiene en la fragilidad de la arcilla moral de todos nosotros, conduciendo unos y otros a los páramos de la luz…

Concita a la virtud, al deber, a la nobleza al esfuerzo en el trabajo productivo, pero no se detienen a maldecir contra las imperfecciones y necedades de la época.  

Actualizado como las enseñanzas de Jesús a su época, traslada esas lecciones a través de los tiempos, para hoy educar el pensamiento moderno, colocando las sanas semillas de la felicidad sin manchas y de la paz sin alarde, en el interior de las criaturas.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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