¿Usted es feliz?

“Las personas no conocen la propia felicidad, pero la de los otros no se les escapa nunca” Pierre Daninos.

Todos están en la búsqueda de la felicidad. Nadie diría en sana consciencia que no desea ser feliz. Ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y adultos, enfermos y sanos, religiosos y ateos, en fin, todos quieren la tal felicidad. De ahí porque todos la buscan, en los más variados lugares y de las más diferentes formas. Pero, si la búsqueda es grande, no siempre el encuentro ocurre.

Para muchos, la conquista de la felicidad está asociada a la adquisición de bienes materiales. Piensan, por ejemplo, que serán felices cuando compren aquel coche importado, aquella casa en la playa, o cuando ganaran una gran fortuna en la lotería. Y, a veces, llegan hasta lo soñado, pero, a pesar de la riqueza, continúan infelices, sienten un enorme vacío existencial.

La fortuna alcanzada solo aumento la carga de los sufrimientos de aquellas personas, con el incremento de las preocupaciones que antes no le visitaban. Otros anclaron el sueño de la felicidad en la búsqueda de la fama, el éxito, del poder. Imaginan que solo el reconocimiento público de sus talentos artísticos o intelectuales podrán hacerlos felices. Y, de igual forma, muchas veces ven el éxito, ven la consagración, pero la felicidad no viene. Al contrario, están más tristes. A pesar de ser públicamente conocidos, continúan solos. Temen la aproximación de las personas. Viven la dualidad de la fama y de la soledad y dicen, con frecuencia, que darían todo por llevar una vida común. Ciertamente oí de un famoso cantante que su mayor deseo era poder ir a la playa como una persona normal. Pero la fama no le permitía disfrutar de ese simple placer de la vida.

Para otros la felicidad está condicionada a la inexistencia de problemas. Dicen ellos: “¿Cómo puedo ser feliz cargando varios tormentos?” Y así caminan por la vida aguardando el día en que sus problemas terminen para ahí sí, disfrutar la tal felicidad. ¿Pero existirá alguien en la faz de la tierra que no tenga problemas? No pensemos que una persona rica esté exenta de dificultades. Puede no tener las preocupaciones con el dinero, pero ciertamente tiene otras aflicciones que la riqueza no es capaz de superar. El oro no resuelve todos los problemas. Que digan aquellos afortunados que desearían saborear las mejores comidas del mundo, pero que por enfermedades tormentosas ni siquiera pueden alimentarse de un simple plato de arroz y judías. Entonces muchas personas están condicionando la felicidad a la ocurrencia de un factor exterior. Solo serán felices cuando sean ricas; cuando sean famosas; cuando sean amadas; cuando consigan un buen empleo; cuando no tengan problemas; y la lista prosigue sin fin. ¿Y nosotros? ¿Será que también estamos condicionando nuestra felicidad a algún acontecimiento, a algún bien material, a alguna persona? ¿Será ese el camino de la felicidad? Ciertamente, no. La felicidad no está fuera de nosotros. Ella es, antes de todo, un estado de espíritu, una manera de ver la vida y no un determinado acontecimiento.

Dios, que nos quiere el bien y, por tanto, desea nuestra felicidad, no haría con que este sublime sentimiento quedase en la dependencia de algún evento futuro, incierto y externo. Podemos alcanzar la felicidad hoy, ahora, a pesar de los problemas que estemos enfrentando. Basta mirar la vida con otros ojos, cambiando las lentes por las cuales entrevemos los hechos. La vida no es un problema, es un desafío. Ella nos presenta oportunidades de crecimiento, especialmente en los sectores donde más necesitamos. Por detrás de los problemas existen lecciones, desafíos, tareas. Y gran ventura tomará cuenta de nosotros cuando venzamos los obstáculos que la vida nos presenta.

El Sermón de la Montaña es la pura prueba de que solamente serán bienaventurados aquellos que supieran superar las dificultades de la vida. Si el amigo lector aún no está convencido, basta entonces mirar para las personas felices y verificar que todas ellas pasaran por grandes pruebas y expiaciones. Recordemos a los primeros cristianos, que seguían cantando alegres hasta la arena donde serian devorados por las fieras. Recordemos de la felicidad de Francisco de Asís, conquistada en la humildad, en la pobreza y en el servicio al prójimo. El santo de la humidad era mozo rico, pero vivía amargado en la riqueza que poseía. Solo encontró la paz después de renunciar a la vida fácil y se entregó a la riqueza del espíritu. No nos olvidemos de que Pablo de Tarso, que en la condición de poderoso Saulo era infeliz, pero volvió a vivir después del célebre encuentro con Jesús en el camino de Damasco. Pablo perdió el poder temporal, pero encontró la felicidad personal. Gandhi encontró su felicidad en la lucha por la paz. Madre Teresa y Hermana Dulce, a pesar de los innúmeros padecimientos que sufrieron, consiguieron encontrar la felicidad en la felicidad que podían proporcionar a los desvalidos del camino. Albert Schweitzer, medico, encontró la felicidad viviendo 52 años de su vida entre los pueblos primitivos de África. ¿Cómo olvidar la permanente alegría de Chico Xavier? Y mire, que problemas en la vida no le faltaron. Pregunten al médium de Uberaba si él estaría dispuesto a pasar por todas las pruebas que la vida le marcó. La respuesta ya es conocida por todos. Chico ya dijo más de mil veces que haría todo de nuevo y que pretende, en el mundo espiritual, continuar su tarea de médium. Entonces, amigo, la felicidad no consiste en tener bienes materiales, posición social o poder político. La felicidad no puede ser conquistada fuera de nosotros, aunque sea siempre allá que la buscamos.

Vicente de Carvalho ya consideró que la felicidad existe, pero es difícil de ser alcanzada, porque está siempre donde la ponemos y nunca la ponemos donde estamos. Y nosotros ya disponemos de todo para ser felices hoy, a pesar de las dificultades por las cuales atravesamos. Además, son los desafíos que nos conducen al progreso. ¿Ya pensó lo que sería de su vida sin desafíos? ¿Será que usted aguantaría pasar el resto de su vida acostado en una hamaca? ¿Por cuánto tiempo usted conseguiría vivir en la ociosidad? Nunca vi un espíritu superior estar un minuto sin trabajo.

Encaremos la vida con los ojos del bien, con la visión del amor y con el concreto deseo de mirar nuestro alrededor y comprobar que el Padre todo nos legó para que nuestra felicidad se realice ya. Bendigamos el trabajo en que la vida nos situó; santifiquemos la familia terrena de la manera que los familiares son; enfrentemos con dinamismo la alegría, los obstáculos de la vida y así, amando y sirviendo, habremos de encontrar la felicidad que desde hace tiempo espera por nosotros. ¿Está de acuerdo conmigo?

José Carlos De Lucca

Revista Cristã de Espiritismo
Traducido por Jacob

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