Desánimo

“No tener valor es una falta; Dios os niega los consuelos, porque no tenéis ánimo.”

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO Capítulo 5º – Ítem 18.

Insidioso, de fácil propagación, tiene carácter pandémico.

Se propaga con celeridad, entorpeciendo sentimientos con fuerza que aniquila la vida.

Enemigo desconsiderado hiere en profundidad y se acoge dominador en todas las criaturas a todo instante, siendo difícil de ser erradicado. Con poder semejante a las virosis contagia más que la gran mayoría de las enfermedades comunes.

Conduce a la dispersión, a la locura, al crimen.

Aquellos que caen en sus redes, invariablemente derrapan para los valles desesperados de los estupefacientes, del suicidio.

Sus víctimas lo presentan reflejado en el “aspecto” característico, deprimente.

Son mórbidas, indiferente, peligrosas.

Gran facción de la humanidad sufre su acción destructiva.

Ese adversario soez y destructor de multitudes es el desánimo.

Compañeros de la fe valerosos, desanimados de continuar, retroceden. 

Trabajadores devotos, marcados por el sufrimiento, paran.

Servidores de la esperanza, desilusionados, huyen.

Mantenedores de tareas socorristas, desajustados, paran… bajo el imperio del desánimo.

¡Prosigue tú!

Todos hablan de que recogerán, de la labor a que se dedicaron, espinos rudos y rudas ingratitudes.

Explican, con argumentos injustificables, que la moral evangélica para el momento en que se vive no tiene más explicación: está sobrepasado.

Creen que perderán el tiempo, aplicado anteriormente en la ejecución del programa divino, presentado por el Espiritismo.

Son víctimas inertes del desánimo.

Sin explicaciones para justificarse a sí mismo la fuga espectacular para con los deberes asumidos espontáneamente, acusan y acusan.

No les des oídos.

Amigos hablan de que no consiguen perseverar en los ideales fascinantes y severos de la Doctrina de los Inmortales.

También tú.

Algunos reconocen los errores y la inutilidad de luchar contra las propias deficiencias.

Dales la razón, pues no es diferente lo que ocurre contigo.

Otros esclarecen que intentaron seguir los postulados espiritistas, pero el tributo a ofrecer es demasiado grande, considerando las incertezas de que se encuentran poseídos.

Concuerdas con ellos al escuchar en lo íntimo tormentos múltiples.

Eleva el patrón mental de tus meditaciones.

Expulsa el toxico letal que se infiltra sutilmente en tu organización espiritual.

Haz un examen de los que se dispersan de las fileras del deber…

El desanimado es alguien que cayó antes del término de la jornada.

Reacciona con todas las fuerzas y no tengas “horas vacías” para llenarse de falta de esperanza en las provincias de tu pensamiento.

Hombres y mujeres, que lucharon en todos los tiempos para construir el ideal de felicidad humana, experimentaron el miasma pestilente de ese sicario del espíritu.

Reaccionando, pues, y perseverando acogidos por los emprendimientos empezados, elaboraron el clima de esperanza que muchos respiran, bendecidos por el sol de amor que los calienta.

Estudia el Evangelio y vívelo, aunque no consigas avanzar incorruptible.

Si caes en el afán de la verdad, recomienza. Si despiertas al peso de irrefrenable fatiga, recomienza.

Si experimentas desespero porque tarda la materialización de tus anhelos, recomienza.

El trabajo de valorización del bien es de reinicio y reinicio, ya que cada paso dado en la dirección del objetivo es victoria alcanzada sobre el terreno a vencer…

Cuando el desánimo, invistiendo contra tus propósitos superiores, sitúa su cuartel en la rutina de tus actividades nobles, modifica el “modus operandi” y prosigue, renovado, combatiendo en los cuadros de la mente esa vibración disgregadora transmitida por otras mentes que persiguen el Evangelio Redentor, desde hace mucho y, exaltando la alegría del servicio en cada minuto de acción superior, destroza las trampas bien urdidas de ese rebelde enemigo, alcanzando la plataforma superior de la gloria de ayudar con desinterés y amor.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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