La grave problemática de la corrupción

Conforme el diccionario, corrupción es adulterar, corromper, estragar, viciarse. En los días que vivimos, mucho se ha hablado a respecto de la corrupción. Y, casi siempre, abordando las flechas hacia los poderes públicos.

Pensamos que la corrupción está íntimamente ligada a los que ejercen el poder público. Ledo engaño. Está de tal forma diseminado entre nosotros, que, con certeza, muy pocos en él, no estamos encuadrados. Veamos algunos ejemplos: Cuando producimos algo con calificación inferior, para obtener mayores lucros, y los vendemos como de calidad superior, estamos siendo corruptos. Cuando adquirimos una propiedad y, al proceder a la escrituración, adulteramos su valor, con el fin de pagar menos impuestos, estamos diseminando la corrupción. Al burlar al fisco, no pidiendo o no emitiendo nota fiscal, estamos permitiendo la corrupción.

¿Eso es común, no es lo mismo? Es como si hubiese, entre todos, un contrato privado firmado en el sentido de yo hago, lo que todos hacen y nadie factura para nadie. Con la disculpa de proteger personas que podrían perder el empleo, no denunciamos los actos lesivos para las organizaciones que desean ser serias.

Actos como el del trabajador que se ofrece para trabajar, en sus días de descanso, el mismo servicio, a un precio menor, de aquel que la empresa a la que está vinculado establece. O de aquel que orienta al cliente, en el propio trabajo, entregando tarjetas de visita, para buscar el producto de mejor calidad y mejor precio, según él, en la tienda de su pariente o conocido. Olvidando que tiene su salario pagado por los dueños de la empresa para quien debería estar trabajando, en verdad. Desviando clientes, está desviando la finalidad de su actividad, configurando, corrupción.

Corrupción es ser pagados para trabajar ocho horas y llegar atrasados, o salir antes, pidiendo a los compañeros pasen nuestra tarjeta por el reloj electrónico. Es conseguir atestados falsos, de profesionales igualmente corruptos, para justificar nuestra ausencia del lugar de trabajo, en días que anteceden a fiestas. Desvió de la finalidad: deberíamos estar trabajando, pero en su lugar vamos a viajar o pasear. Es promover la quiebra o avalar algún grupo en la empresa, con el fin de tener algunas horas de huelga. Es mentir delante de las autoridades, deseando favorecer a unos y a otros en procesos litigiosos. Naturalmente, para ser agradables a dichos amigos que, dicen, cuando precisamos, harán lo mismo por nosotros.

Corrupción es aplaudir a nuestro hijo que nos presenta notas altas en las asignaturas, aun mismo sabiendo que él las adquirió a costa de desvergonzada copias. ¿Y qué decir de los que nos ofrecemos para hacer el examen en el lugar del otro? ¿o realizar la pregunta que a él le cabria hacer? ¿Y qué hay de los que se ofrecen para probar en lugar de otro? ¿Es serio, no? Así, a partir de ahora, pasemos a examinar con más vigor todo lo que hacemos. Aun mismo porque, nuestros hijos tienen los ojos puestos sobre nosotros y nuestros ejemplos siempre hablarán más alto que nuestras palabras. ¿Deseamos, acaso, que la situación que vivimos en nuestro país tenga proseguimiento? ¿O ansiamos una nación fuerte, unida por el bien, dispuesta a trabajar para progresar, crecer en intelecto y moralidad? En nuestras manos está la decisión. Si lo deseamos, podemos iniciar la poda de la corrupción hoy mismo, ahora. Y si creemos que haciéndolo solamente uno de nosotros, todo continuará igual, no es verdad.

Los ejemplos arrastran. Si comenzáramos la campaña de la honestidad, de la integridad, los corruptos sentirían después más vergüenza. Recibirán amonestaciones y puniciones, en vez de aplausos. Y, convengamos, si no hubiese quien acepte la corrupción, ella moriría por si misma. Pensemos en eso. Y no perdamos el tiempo. Y, de acuerdo, a menos que haya aceptado que la corrupción, morirá por sí solo.

Equipe de Redação do Momento Espírita

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.