¿Hay órganos en el cuerpo espiritual?

Es la pregunta que todos nos gustaría de ver respondida, tal es la dificultad para entender y asimilar aquello que no podemos ver ni notar con los imperfectos sentidos del cuerpo físico. Entretanto, la respuesta no podrá ser “si” o “no” como nos gustaría que fuese, porque serian afirmaciones categóricas, radicales, que jamás expresarían la complejidad y magnitud de las variantes que determinan una u otra de las afirmativas.

El iluminado Espíritu Emmanuel, en la obra El consolador responde, en la pregunta numero 30: “Dentro de las leyes sustanciales que rigen la vida terrestre, extensivas a las esferas espirituales más próximas al planeta, ya el cuerpo físico, exceptuadas ciertas alteraciones impuestas por la prueba o tarea a realizar, es una exteriorización aproximada del cuerpo periespiritual, exteriorización esa que subordina a los imperativos de la materia más grosera, en el mecanismo de las herencias celulares, las cuales, a su vez, se encuadran en las indispensables pruebas o testimonios de cada individuo”

¡Ahora, si es una exteriorización del cuerpo periespiritual, entonces los órganos preexisten a la creación del cuerpo físico! No debemos olvidar que el periespíritu es el plano organogenésico del cuerpo físico, del mismo modo que una semilla lo es del árbol que su germinación traerá a la vida; por eso, es absolutamente natural y lógico que, al desprenderse del cuerpo por el fenómeno de la muerte, los sistemas orgánicos lo acompañen y, con ellos, las necesidades propias.

Sabemos que el periespíritu, o cuerpo espiritual, es el vehículo de expresión del Espíritu, energía inteligente individualizada por el Creador, y tiene su formación material fluídica dependiente del estado vibratorio del desencarnado que lo habita. Cuanto más evolucionado moral e intelectualmente, más etérea es su naturaleza y menos imperiosas las necesidades a satisfacer. Del mismo modo como en la Tierra el hombre más intelectualizado y moralizado se satisface con una alimentación frugal y el hombre ignorante y embrutecido por la deficiencia intelectual y atraso moral en que se demora exige una alimentación más pesada, más densa, los Espíritus desencarnados igualmente tendrán las exigencias de la naturaleza “material” de su cuerpo espiritual, a depender del estado vibratorio que le sea peculiar.

Afirmar que los Espíritus desencarnados no comen, no duermen, no se cansan, y no están sujetos a las necesidades físicas de los sistemas orgánicos en general, no tendría sentido. En la obra «Los mensajeros», psicografiado por Francisco Cándido Xavier, en la página 92 de la 5ª edición, FEB, vemos André Luiz y Vicente, dos Espíritus en viaje de la colonia «Nuestro hogar» para la costra terrestre, descansaron en una posada en medio del trayecto, donde les fue ofrecida abundante comida de frutas. Suponer que alguien, porque murió, podrá prescindir de los sistemas orgánicos que lo acompañaron durante toda la vida material sería santificarlo o prestarle una angelitud que no todos estarán a la altura de poseer, pues el pasaje directo de la Tierra para las esferas de Luz es atributo de las almas angélicas y santificadas, para las cuales las dependencias materiales ya no tiene ningún sentido.

Como nadie se convierte en santo porque muera, se sigue que casi la totalidad de los desencarnados carecerá de los sistemas orgánicos para conducirse por la vida espiritual. Así, cada Espíritu buscará la satisfacción de las propias necesidades, conforme el estado de materialidad que aun tenga. A la proporción que las necesidades van desapareciendo, con la transferencia de los estados mentales y de consciencia para condiciones más elevadas, los órganos irán atrofiándose por falta de uso objetivo hasta el completo desaparecimiento.

En la obra anteriormente citada, en la misma página, el anfitrión Alfredo se refiere a la falta de medicamentos y alimentos para atender al gran número de desencarnados que están bajo tutela del Puesto de Socorro de Campos de la Paz, cuyos estados de materialidad y desequilibrio aun reclaman tales recursos. En la obra Nuestro Hogar, del mismo autor espiritual, vemos al Gobernador de la colonia del mismo nombre, proporcionando el auxilio de especialistas en alimentación pranayana por la respiración, habitantes de otras esferas, para cohibir abusos de la población de la colonia que comenzaba a sofisticar con esmero las preferencias alimenticias, exigiendo menús cada vez más próximos a los alimentos materiales terrenos.

¡Si estos hechos acontecen con desencarnados de mediana evolución, imaginemos lo que ocurrirá con los infelices hermanos, habitantes de las regiones inferiores del umbral, sujetos a las aflictivas carencias de una vida embrutecida y sin esperanza!

A la proporción que el desencarnado va adquiriendo independencia en la elevación de sentimientos y enriquecimiento intelectual, el dominio mental sobre su vehículo de expresión va aumentando, y el fenómeno de la ideoplastia va promoviendo las transformaciones normales, de la naturaleza material para la naturaleza espiritual. La ideoplastia es la fuerza resultante de las acciones producidas por la consciencia, por el pensamiento y por la voluntad, capaz de modificar la estructura del periespíritu.

Mauro Paiva Fonseca

Extraído de la revista «Reformador» Febrero 2007. Traducido por Jacob

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