Guerras y conflictos

Pregunta – La humanidad cada vez se materializa más. Pero existen algunas paradojas. Mientras es cada vez mayor el número de adeptos a sectas y religiones que usan al demonio para llegar a Dios y el islamismo es cada vez más radical, en el catolicismo y en el espiritismo parece haber un reflujo. ¿Por qué?

R – En realidad, vivimos momentos de transformaciones históricas muy graves, porque el hombre moderno, que logró de la ciencia y de la tecnología alargar los horizontes del mundo y penetrar en las micropartículas, no consiguió encontrar la paz. Pero en realidad nunca hubo tanta fe y tanto amor como en los días actuales. Sucede que los vehículos de los medios de comunicación, por un proceso natural de información, traen a nuestro conocimiento noticias impactantes y ellas casi siempre son de tragedia, de aberración, dándonos un paisaje que no corresponde a la realidad. Vemos, también, que, si las doctrinas nuevas están reuniendo multitudes, los centros espíritas y las iglesias católicas están hasta los topes de fieles buscando respuestas. Creemos que — pasado ese entusiasmo inicial de los que desean el reino de los cielos comprando a Dios en la Tierra o huyen hacia Dios huyendo de su antípoda, Satanás — las personas despertarán, como ya viene ocurriendo, hacia la gran realidad de sí mismas que es su autoconocimiento, la transformación a mejor y la adopción de los postulados que Jesús nos enseñó: el amor, el auto-amor y la caridad.

P – Divaldo, ¿Cómo ve el mundo actual?

R – La violencia irrumpe de una forma catastrófica y pienso que desde el punto de vista psicológico y sociológico este es un estado intermediario de la gran transformación que se opera en la Tierra. Nosotros, espíritas, consideramos ésta la gran transición. Allan Kardec haciendo un análisis del planeta terrestre, en su tiempo -1855-1869 – decía, por informaciones de los espíritus, que la Tierra era entonces un mundo de pruebas y de expiaciones, en tránsito hacia un mundo de regeneración del cual el dolor será expulsado.

P – ¿Los conflictos sociales, las guerras religiosas o no, y el capitalismo salvaje es falta de amor a Dios y a sí mismo?

R – Sin duda. En un encuentro de religiosos que tuvimos en la ONU en agosto del 2000, debatimos durante cuatro días las razones que llevan a la guerra y también las propuestas para que la guerra fuese extirpada del planeta, y, por unanimidad, todos llegamos a la conclusión que solamente cuando el individuo se desarme emocionalmente es cuando será posible el desarme general. Incluso que se acaben los depósitos de mísiles, de armas químicas y biológicas, y el individuo odie, él lo recomenzará todo otra vez, como aconteció en el pasado en que las luchas eran con puñetazos, con piedras, con palos, después con las armas empíricas y hoy con las sofisticadas.

P – ¿Entonces, Dios es la respuesta para todos los males que afligen a la humanidad?

R – Sin duda. ¡Poco importa el nombre que se le dé! Alá, Jehová, Dios, causa única. Poco importa el nombre con que lo rotulemos. A la hora que descubrimos que somos el efecto de una causalidad y la respetamos, detectaremos que nunca huiremos de la propia conciencia cósmica.

P – Si usted fuese el presidente de la República, ¿cuáles serían sus primeras actitudes para atenuar el sufrimiento de las comunidades más necesitadas?

R – Se que eso jamás se dará, pero como que todos soñamos con un mundo mejor, pensaría que mayor problema es la ignorancia y la solución la educación. Mientras no eduquemos no lograremos el equilibrio, porque el pueblo sin educación, o agresivo, es un pueblo sin riendas. Son muy nobles las medidas paliativas que se aplican en el país, pero que mantienen al individuo en la miseria y le retiran los valores de la dignidad, ya que él pasa a recibir sin trabajar. La solución está lejos de ser un pequeño aporte o la cesta básica que se ofrece a los necesitados. Esa es una forma de ilusionarnos a nosotros mismos y de hacer que las personas vayan siendo menos agresivas, por lo menos mientras están con la barriga llena, porque el problema continúa. Tenemos que encontrar soluciones que realmente cambien el paisaje que se prolonga, por medio de salarios dignos y honrados, que contribuirán para la concienciación del individuo.

P – ¿Cuál es el papel del hombre en la sociedad?

R – Servir. Mientras no aprendamos a servir no sabemos vivir. La palabra servicio, aquí tiene una amplitud muy grande. No tan sólo ser servidor de otro, sino ser colaborador de la sociedad, trabajador del grupo social, contribuyente de la solidaridad, amigo y hermano que socorre, pero también ciudadano que construye y que dignifica el conjunto de la humanidad.

P – ¿El Espiritismo es una salida o la salida?

R – Es una de las salidas. Sería mucha presunción y falta de respeto a tantas otras doctrinas religiosas, sociológicas, filosóficas que ofrecen respuestas para los dramas humanos. El Espiritismo por basar sus postulados en la creencia en Dios, en la inmortalidad del alma, en la comunicabilidad de los espíritus, en la reencarnación, es una salida de puertas muy anchas, porque nos conciencia de que nosotros somos autores de nuestro destino.

P – ¿Qué es ser espírita?

R – Allan Kardec dijo que el verdadero espírita es aquel individuo que se esfuerza para ser hoy mejor que ayer y lucha tenazmente contra sus malas inclinaciones. Naturalmente, el individuo que acepta los postulados a que me referí – la creencia en Dios, la inmortalidad del alma, la comunicabilidad de los espíritus, la reencarnación y la creencia en Jesús Cristo como modelo y guía de la humanidad. Cuando aceptamos estos paradigmas, somos teóricamente espíritas.

P – ¿La violencia que hoy asusta a la población brasileña es fruto de qué?

R – Del abandono. El individuo que nace en un medio socioeconómico hostil, en un medio psicosocial agresivo, que no experimenta cariño, que no tiene la menor posibilidad de una vida digna, desarrolla los instintos agresivos y pasa a tomar aquello que fue considerado que le fue quitado. A la hora en que nosotros partimos hacia las bolsas de la miseria y cambiamos sus estructuras ambientales, sociales, económicas y psicológicas, el paisaje se modificará totalmente. Ocurrirán, naturalmente, algunos delitos graves, sucederán hechos infelices por causa de las psicopatologías que son también inherentes a la criatura humana.

P – Hable de su trabajo como pastor en este desierto tan árido.

R – Hace 54 años. Yo era católico, por eso tengo gran respeto por la Iglesia, porque en ella hice mi formación infanto-juvenil. Pero como veía a los espíritus, los oía, no sabía que hacer. Mi confesor, en Feira de Santana, decía que era influencia del mal para perturbarme. Pero los fenómenos continuaban. Sólo cuando leí el Libro de los Espíritus y estudié el Libro de los Médiums, las respuestas llenaron mis preguntas interiores y vi que todo aquello que ahí estaba, una gran parte, decía sobre mí. De esta forma encontré en el Espiritismo mis respuestas.

(Entrevista concedida al periodista Haroldo Aquiles, publicada en el Periódico «A Tarde» — Salvador/BA —del día 09/09/2001) La Revista Espirita Nº1

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