El mundo digital

La escena es común en estos días: reuniones sociales y profesionales, en las que las personas se quedan gran parte del tiempo conectadas a sus teléfonos móviles. Cuando llegan a los lugares, en seguida depositan en la mesa el accesorio y a partir de ahí, queda dividida la atención. Es un ojo en el ambiente y el otro en la pantalla del aparato. Incluso parece que tiene un poder magnético, pues las personas son capaces de mirar más hacia él que unas a otras.

Estando solos, la impresión que se tiene es que el referido instrumento es capaz de hacer compañía al individuo, sustituyendo la presencia física de un amigo. Cuando funcionaban simplemente como teléfonos, no eran tan invasivos, pero hoy su uso está muy ampliado. En el anhelo de mantenerse conectados con el mundo, a veces nos olvidamos de quién está a nuestro lado. Priorizamos la necesidad de recibir una noticia importante, de enviar o recibir algún mensaje o hacer una consulta para aclarar dudas. Son los nuevos hábitos sociales.

Lamentablemente, ellos parten a las personas al medio. La mitad del individuo está presente y la otra mitad está conectada al aparato y a todo lo que proporciona. Somos conscientes de que todo progreso tecnológico, cuando se emplea para el bien, trae alegría y confort a la humanidad. Son muchas las facilidades que esa nueva tecnología nos posibilita y renunciar a ellas está fuera de cuestión.

La reflexión es en el sentido de utilizarla de la forma más conveniente, con moderación y respeto a los que nos rodean. Es cierto que esos aparatos, que están fácilmente a nuestro alcance, nos traen informaciones útiles. Pero debemos cuidar que no interfieran en momentos fundamentales para las relaciones. Estemos atentos a la forma en que hemos estado utilizando esos recursos.

No dejemos jamás de valorar la compañía de quien está a nuestro lado, de mirar a los ojos durante un diálogo, de escuchar al otro con atención, de hacerse presente y de disfrutar del momento en que estamos viviendo esa o aquella situación. Busquemos no dar mayor importancia a esos aparatos, en detrimento de la atención que podamos ofrecer a quien está cerca de nosotros.

Los momentos pasan y no vuelven. Todos ellos son importantes para fortalecer los vínculos afectivos que existen en las relaciones. Los mensajes, búsquedas, informaciones y todo lo demás, muchas veces pueden esperar.

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Cualquier proceso de reeducación es siempre más laborioso que la educación pura y simple, pues implica dejar hábitos arraigados y sustituirlos por otros. Si ya nos hemos dejado llevar por esas costumbres inadecuadas, busquemos modificarlas. En esta época de tecnología avanzada y de cibernética, trabajemos en nosotros mismos la capacidad de vivir integralmente las relaciones personales.

Busquemos desligarnos de lo que está lejos, para valorar y conectarnos verdaderamente con quien está con nosotros aquí, ahora. Aprovechemos cada minuto con los amores, los afectos. Esto es insustituible y puede que no se repita. Pensemos en eso: el momento es ahora, mientras están con nosotros.

Redacción del Momento Espírita.

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