A la memoria de mi madre

Seis años ha que duermes en la tumba
seis años de tormento y agonía…
Seis años ha que el mundo se derrumba
¡Sobre mi pobre frente madre mía!

Cuando te vi morir, copioso llanto
fácil brotó de mis cansados ojos;
sintiendo ese dolor y ese quebranto
que la muerte nos brinda en sus enojos.

Tu triste tumba coroné de flores
regadas con el llanto de mi alma;
hallando un lenitivo a mis dolores
del cementerio en el silencio y calma.

Pero el tiempo pasó…Por siempre huyeron
aquellas horas de dolor benditas;
y en tu desierta tumba no se vieron
más que hojas secas, sin color, marchitas.

Y no es porque yo olvido tu ternura,
pues nada calma mi profunda pena,
derramando mi llanto de amargura
de este desierto en la infecunda arena.

¡Madre del corazón! Tanto he sufrido…
tan contraria me fue la adversa suerte,
que me consuela que hayas sucumbido…
¡Cuán triste es consolarme con la muerte!

Yo que tanto te amé, madre querida:
¡Cual será mi tormento y mi tortura…!
¡Yo que diera mi vida por tu vida!…
Hoy consuela tu muerte mi amargura,

Descansa en paz tu sueño bendecido
no le turban del mundo los clamores.
Tu duermes en la nada, en el olvido;
y en el no ser se extinguen los dolores.

Seis años ha que duermes en la tumba.
Seis años de tormento y agonía…
Seis años ha que el mundo se derrumba
¡Sobre mi débil frente, madre mía!

Duerme, duerme, que nadie te despierte:
¡Que nadie turbe tu bendita calma!
Porque pudieras contemplar mi muerte,
y es tan triste la muerte de mi alma!..

La tumba es un desierto, y si vivieras,
la tierra la encontrarás más sombría;
y de dolor entonces sucumbieras…
Duerme… Duerme por siempre…Madre mía.

Amalia Domingo y Soler

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