Conversaciones enfermizas

Los médiums obsesos que no quieren convenir en que lo están, se parecen a aquellos enfermos que se hacen ilusión sobre su salud y se pierden por no querer someterse a un régimen saludable.

EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS 2ª parte, Capítulo 29º – Ítem 329.

Semejante al carro de la basura que esparce emanación morbífica por donde pasa, las conversaciones enfermas señalan las rutas por donde siguen.

Cuando se instalan, destruyen el domicilio de la paz y la sospecha se aloja, victoriosa, atormentado, implacable.

Como gas de fácil expansión, el tóxico de la información menos digna se expande, asfixiando esperanzas y matando aspiraciones superiores. Por donde pasa, la conversación infeliz genera la hipocresía, desarrollando una atmósfera anti-fraterna en que asienta sus afirmaciones.

La mala conversación nada ahorra.

Fácilmente se disuelve en ácido calumnioso o brasa acusadora; alcanza corazones honestos y enturbia familias ennoblecidas por el trabajo; deslustra una existencia honrada con una frase, alcanzando ignominia y deshonra; estimula la mentira, que se transforma en injuria, fomentando crimen y locura.

Nutrida por la ociosidad la conversación insidiosa es madre de la corrupción moral.

Si las enseñanzas edificantes intentan exaltar la dignidad y el deber, ofreciendo campo a la verdad y al valor, el veneno de la información sin caridad aparece con el pretexto de ingenuidad y destruye, impiedoso, la cultura de la dignidad.

Surge aparentemente inofensiva en una frase pérfida para esparcirse virulenta en una cosecha de hiel.

Aparece, disimulado, para inmiscuirse rudamente donde no es esperada, induciendo a cuantos le dan oídos a la infamia y al odio…

Es imprescindible vigilar su nacimiento.

El cristiano no le puede ser complaciente. Riguroso en el respeto a los ausentes, debe vigilar las entradas de la mente y las “salidas del corazón”.

Cultor de la bondad no pacta con las informaciones despreciables, debiendo eliminar del propio vocabulario las expresiones inciertas, de significado humillante.

Examina, atento, cada día, las informaciones que te llegan al corazón. Si te conducen vinagre sobre la honra ajena y presentan las heridas de los otros a tu observación, procura los recursos de la oración y de la piedad, y siempre dispondrás de bienes para no caer en la fascinación negativa de las sugestiones del mal, renovando todas las expresiones con la mente en Jesús.

El Apóstol Pablo, advirtiendo a los Corintios, escribía en la primera carta a los compañeros de ministerio, conforme se lee en el capítulo 15, versículo 33:

«No se dejen engañar: las doctrinas malas corrompen las buenas conductas.»

Las conversaciones enfermas son ácidos en los labios de la vida, quemando la esperanza en todo lugar. Y los que se entregan a tales conversaciones son “obsesos que se recusan a reconocer que lo son, (y) se asemejan a esos enfermos que se engañan sobre la propia enfermedad y se pierden, por no someterse a un régimen saludable.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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