La relación de la Génesis y la Ciencia actual

En el comienzo de La génesis – los milagros y las predicciones según el espiritismo (1) encontramos la siguiente afirmación:

La doctrina espírita es el resultado de la enseñanza colectiva y concordante de los Espíritus. La ciencia está llamada a constituir la génesis de acuerdo con las leyes de la naturaleza. Dios prueba su grandeza y su poder a través de la inmutabilidad de sus leyes, y no mediante su derogación. Para Dios, el pasado y el futuro son el presente.

Tanto la ciencia tradicional como la ciencia espírita actúan en la búsqueda de la verdad. A veces escuchamos o leemos que no es posible al alguien aprender la verdad porque ella es relativa. Pero, más acertado será decir que relativa es nuestra capacidad de entendimiento. La verdad, para ser verdad, necesariamente tiene que ser absoluta. No podemos ignorar, entretanto, la relatividad con la cual tiene que lidiar el ser humano, habitante de ese pequeño globo, insignificante en tamaño y expresión si es comparado con lo que existe en el universo conocido. ¡Imagínese ante lo desconocido!

La ciencia ya hizo muchas afirmaciones, basada en los conocimientos posibles hasta aquel momento, que tuvieron que ser revisadas posteriormente, ante la evidencia de los hechos. Teniendo eso en cuenta, Allan Kardec, al introducir, en 1868, La génesis tuvo el cuidado de informar que allí presentaría algunas teorías aún hipotéticas que deberían ser consideradas simples opiniones, pero que ese libro, en sus demás puntos, sería el complemento de las demás obras ya publicadas por él. En esa misma introducción, el codificador del Espiritismo aclara: (2)

Al demostrar la existencia del mundo espiritual y sus relaciones con el mundo material, el Espiritismo proporciona la explicación de una inmensidad de fenómenos que no se han comprendido, y que por eso mismo han sido considerados inadmisibles por parte de cierta clase de pensadores. Esos hechos abundan en las Escrituras, pero sus comentadores no han conseguido llegar a una solución racional, pues ignoraban la ley que los rige. Ubicados en dos campos opuestos, han girado siempre dentro del mismo círculo de ideas: los unos menospreciando los datos positivos de la ciencia, los otros sin considerar el principio espiritual. Esa solución se encuentra en la acción recíproca del espíritu y la materia. Así como considera que “la ciencia es una obra colectiva de los siglos y de una infinidad de hombres que han aportado, cada uno, su cuota de observaciones, aprovechadas por los que vienen después de ellos” (3), Kardec afirma que el Espiritismo no constituye opinión de una persona o de un Espíritu, sino que es resultado de la enseñanza colectiva de los Espíritus en trabajo conjunto con los encarnados, pues “los Espíritus no se manifiestan para liberar al hombre del estudio y las investigaciones, ni para transmitirles una ciencia absolutamente elaborada. Con relación a lo que el hombre puede descubrir por sí mismo, lo dejan librado a sus propias fuerzas. (4)

Utiliza como medio de elaboración el método experimental, es decir, lo mismo de las ciencias positivas, (5) pero con la diferencia de que estas tienen por objeto el estudio de las leyes del principio material, mientras que el Espiritismo estudia las leyes del principio espiritual. Siendo ese principio una de las fuerzas de la naturaleza, reaccionando constantemente sobre el principio material y de este recibiendo influencia, el conocimiento de uno no está completo sin el conocimiento del otro. De esa forma, sigue Kardec, “el Espiritismo y la ciencia se complementan recíprocamente, pues la ciencia sin el Espiritismo se encuentra en la imposibilidad de explicar ciertos fenómenos sólo por las leyes de la materia; al Espiritismo, sin la ciencia, le faltaría el apoyo y el examen”. (6)

Siempre con el ánimo de darse a conocer a los sabios de su tiempo, Kardec afirma que “el estudio de las propiedades del periespíritu, de los fluidos espirituales y de los atributos fisiológicos del alma, abre nuevos horizontes a la ciencia y aporta la clave de una infinidad de fenómenos incomprensibles hasta hoy, pues faltaba el conocimiento de la ley que los rige […]” (7)

Con una evidente visión de futuro, el codificador afirma que, siendo toda enseñanza del Espiritismo apoyada en hechos, necesariamente él tiene que ser progresivo, como toda ciencia de observación. Por su esencia misma se alía a la ciencia y no teme sus avances, pues “al avanzar a la par con el progreso, el Espiritismo jamás será  superado, porque si nuevos descubrimientos le demostraran que está equivocado acerca de un punto cualquiera, habría de rectificarse en ese punto. Si alguna verdad nueva se revelara, él la aceptaría”. (8)

Allan Kardec constata que la ciencia había limitado su acción a la investigación de las leyes que rigen la materia. (9) Pero, los propias descubrimientos de la ciencia han revelado que la materia, en su esencia, es energía, siendo llevada a ampliar sus posibilidades de búsqueda de los eventos que tienen sus raíces más allá de los horizontes de la mecánica cuántica. De hecho, la ciencia y la academia aún no han encontrado el que hacer con el conocimiento que se multiplica cada vez más rápidamente. Aún no ha reconocido para que rumbo los avances apuntan. Lógico que los avances de la técnica le llamen la atención a uno, le distraen en muchos momentos de las cuestiones que son menos transitorias. De hecho, hay mucho con que distraerse con la producción acelerada de contenidos violentos, de costumbres desorientadas y que no se preocupan con la moral como regla de bien vivir. Hoy hay mucho contenido disponible, útil e imprestable, pero las personas no tienen tiempo para darles significado. Los que tie-nen acceso a esos contenidos, raramente sacan real provecho de ellos. El Prof. Víctor Andrés Kowaski, de la Universidad Nacional de Misiones, Argentina, en 2016, escribió un texto sobre los desafíos de la maestría de ingeniería industrial, del cual destacamos un tramo que se refiere a ese desafío relacionado con el conocimiento y la forma de tratarlo: (10)

Siguiendo la Curva de Duplicación del Conocimiento, ideada por Richard Buckminster Fuller, a principios del siglo pasado se estimaba que el conocimiento se duplicaba cada 100 años. En cambio, en la actualidad este lapso de tiempo se ha reducido a menos de dos años, según comenta Andy Freire. (11) En igual dirección, hace una década y media, José Joaquín Brunner comentaba que la Universidad de Harvard demoró 275 años en completar su primer millón de volúmenes, período de tiempo que se había reducido a sólo cinco años. Semejante velocidad de expansión se daba en la producción de Revistas Científicas, según este investigador chileno. Es por esta razón que “En el mundo que viene ya no será tan relevante el saber en sí mismo. Y es una novedad histórica, porque todo el sistema educativo occidental aún hoy se sustenta sobre el paradigma del saber cómo valor máximo” sentencia Freire. En este contexto Brunner se preguntaba si se necesitaría un enfoque radicalmente distinto para afrontar semejante mutación del contexto del saber. Pero la velocidad de expansión del conocimiento no es el único problema a enfrentar.

Inés Aguerrondo sostiene que el conocimiento que circula por los sistemas educativos formales ha perdido validez A ello asocia la crisis del modelo científico que ha imperado, basado en el concepto de racionalidad tradicional, contraponiéndolo con el paradigma de la Complejidad. Este nuevo paradigma, centrado en una racionalidad sistémica, tiene como objetivo resolver problemas superando el de solamente construir teoría. Así, el nuevo conocimiento se revierte en la sociedad, y no meramente en la comunidad científica, enfocando los problemas desde la necesidad de su resolución, mezclando disciplinas, aventajando el enfoque de los problemas segmentados.

Destacamos “en el mundo que viene ya no será tan relevante el saber en sí mismo”, “Brunner se preguntaba si se necesitaría un enfoque radicalmente distinto para afrontar semejante mutación del contexto del saber” y “a ello asocia la crisis del modelo científico que ha imperado, basado en el concepto de racionalidad tradicional, contraponiéndolo con el paradigma de la Complejidad”. Observemos que el autor del texto no consideró que la complejidad es bastante más amplia, pues hay una realidad espiritual que no es tomada en cuenta.

En el ítem ya citado, (12) Kardec comenta que la “historia del hombre, considerado como ser espiritual, se relaciona con un orden especial de ideas que no son del dominio de la ciencia propiamente dicha, y de las cuales, por ese motivo, no constituye un objeto de sus investigaciones”.

Anticipándose a los tiempos, Kardec ya había destacado que esa cuestión es de las más importantes para el ser humano, porque incluye la cuestión de su pasado y de su porvenir, (13) siendo muy relativa su condición actual o presente, dejando desorientado al que se fije solamente en el estudio de los fenómenos restricto a la realidad material. Sabiamente Kardec afirma, y eso se hace cada vez más patente, que le importa al ser humano saber, ante todo, de donde ha venido y para donde va, que es lo que define su situación actual y qué puede esperar del futuro.

El pensamiento kardeciano es actual, directo y aclarador:

«Esas divergencias en lo atinente al porvenir del hombre generan la duda y la incredulidad. Con todo, la incredulidad da lugar a un penoso vacío. El hombre encara con ansiedad lo desconocido, donde tarde o temprano fatalmente tendrá  que ingresar. La idea de la nada lo paraliza. Su conciencia le dice que más allá  del presente hay algo que le está reservado. Pero ¿qué será? Su razón, desarrollada, ya no le permite seguir admitiendo las narraciones con que lo arrullaron en su infancia, ni tomar la alegoría por la realidad. ¿Cuál es el sentido de esa alegoría? La ciencia rasgó una punta del velo, pero no ha revelado lo que al hombre más le interesa saber. Él pregunta en vano, pero ella nada le responde de un modo decisivo que pueda calmar sus temores. Por todas partes se topa con una afirmación que se opone a una negación, sin que ni de un lado ni del otro se presenten pruebas positivas. De ahí  la incertidumbre, y la incertidumbre acerca de las cosas de la vida futura hace que el hombre se arroje, poseído por una especie de frenesí, sobre las cosas de la vida material. Ese es el inevitable efecto de las épocas de transición: se derrumba el edificio del pasado, sin que todavía esté construido el del porvenir. El hombre se asemeja al adolescente que ya no tiene la creencia ingenua de sus primeros años, pero tampoco posee los conocimientos de la edad madura. Apenas siente vagas aspiraciones que no sabe definir.» (14) Esa es la situación actual, ante la cual podemos afirmar que la ciencia está siendo conducida a considerar la realidad espiritual, que ya no puede continuar siendo negada. En diversas universidades surgen investigaciones relacionadas con la existencia y la relación de esa otra realidad que aún no es aceptada por la ciencia oficial, pero que, cada día más recibe la adherencia de científicos que admiten la necesidad de investigarla. Delante de eso, podemos concluir que la relación de la Génesis con la ciencia actual, y podemos afirmar de toda la codificación espírita, sigue siendo norteadora de rumbos, pues apunta para lo que la ciencia también necesita llevar en cuenta en sus investigaciones además de su objeto tradicional; revelando que el ser humano, como espíritu inmortal, tiene potencialidades aun no bien conocidas y exploradas; y considerando que hay otro objeto de estudio, que interactúa con los fenómenos de la dimensión que vive el ser encarnado, y que es estudiado por el Espiritismo desde mediados del siglo XIX. Para facilitar que eso ocurra, les cabe a los espiritistas que desean encarar el asunto con seriedad, considerar los métodos de la ciencia actual, como hizo Kardec en su tiempo. O mejor, todavía, pueden auxiliar la ciencia a definir nuevas metodologías que contemplen el otro objeto ignorado, asociando la ciencia oficial a la ciencia espírita, para investigaciones que necesitan seguir siendo desarrolladas, uniéndose a científicos que se dispongan a direccionar sus esfuerzos para entender esa relación entre los dos planos de la vida y las interferencias que uno causa en el otro.

BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS DE PÁGINA

1.KARDEC, Allan. La génesis – los milagros y las predicciones según el espiritismo. Trad. de Gustavo N. Martínez y Marta H. Gazzaniga. 2 ed. Brasília. CEI, 11/2011. p. 3.

2.Opus cit. Introducción a la primera edición publicada en enero de 1868. p. 11.

3.Opus cit. Caracteres de la revelación espírita. Cap. I, ítem 4. p. 18

4.Opus cit. Cap. I, ítem 60. p. 53

5.Opus cit. Cap. I, ítem 14. p. 24

6.Opus cit. Cap. I, ítem 16. p. 25

7.Opus cit. Cap. I, ítem 40. p. 37-38

8.Opus cit. Cap. I, ítem 55. p. 48-49

9.Opus cit. Cap. IV, El rol de la ciencia en la génesis, ítem 11. p. 96-97

10.editorial – Universidad del Bío-Bío revistas.ubiobio.cl/in-dex.php/RI/article/download/2954/3016/ consultado el 12 de marzo de 2019.

11.Hoy ya se comenta que el conocimiento se duplica a cada trece meses.

12.Opus cit. Cap. IV, ítem 11. p. 96-97 13.Opus cit. Cap. IV, ítem 12. p. 97 14.Opus cit. Cap. IV, ítem 14. p. 98

Carlos Campetti. Revista FEE

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