Simple álgebra

– Está todo en orden. Falta sólo el sello para la autentificación.– Informó, gentil, la recepcionista del puesto de asistencia médica.

– ¿Dónde puedo comprarlo?

– En correos.

– ¿Está lejos?

– Algunas calles…

– ¡Qué fastidio! Estoy sin coche y debo regresar al trabajo…

– Bien, yo tengo algunos aquí. Se lo puedo vender.

Resolvió el problema, él agradece y sale, apresurado. Se acerca un hombre de mediana edad que, nervioso, reclama ásperamente sobre la deficiencia del servicio.

– Usted tiene toda la razón. –Responde la muchacha, cortada. – Perdónenos. Intentaremos resolver el asunto.

Hace anotaciones y promete solución inmediatamente. Desarmado por la simpatía de la trabajadora, él pierde el ánimo belicoso.

– Disculpe, señorita, si fui agresivo. Es que estoy “irritado”, enfrentando varios problemas.

– Todo está bien, no se preocupe. Todos tenemos malos momentos…

Se acerca una señora mayor, vestida humildemente:

– Hija mía, estoy enferma del corazón. Parece que es grave. El médico me dio la receta recomendándome que inicie inmediatamente el tratamiento. Pero no tengo dinero. ¿Será posible recibir aquí los medicamentos?

– Bien, abuela, no tenemos ese tipo de ayuda. No obstante, veré si es posible ayudarla.

Rápidamente ella telefonea a una farmacia, se informa del precio de los medicamentos y autoriza el pago de la receta, responsabilizándose por el pago. El próximo a ser atendido, un hombre inteligente y observador, habla, admirado:

– ¡Muchacha, estoy impresionado! Usted resuelve sin dificultad tres casos, ahorrando tiempo a un hombre apresurado, calmando a otro irritado y ayudando a una mujer que sufre… ¿Qué prodigio de fuerza y dedicación la inspiran? ¿Cuál es su secreto?

Con una sonrisa iluminada, la joven responde:

– No hay secreto ninguno. Es apenas una cuestión de álgebra.

– ¿Álgebra?

– Sí, aquella operación en que menos uno sumando a más uno es cero. Los valores positivos anulan los valores negativos. El cliente sin tiempo, el cliente nervioso y la señora sin recursos tenían problemas: valores negativos. Conservar algunos sellos para las emergencias, usar la serenidad y si dispone de un “enchufe” entre los colegas para conseguir una receta médica, son valores positivos que los anulan, favoreciendo a las personas…

– ¿Pero encuentra recompensa? ¡Nadie se interesa por el prójimo y hay mucha ingratitud!…

– Engaño suyo. A muchos les gustaría ayudar, solo que no tienen iniciativa. Son tímidos. Si les diéramos ejemplo nos acompañarían. En cuanto al reconocimiento ajeno, no significa nada delante de la incomparable satisfacción que experimentamos al ayudar al prójimo. Cuando nos empeñamos en ese propósito es como si desenvolviésemos un milagroso elixir de alegría y bienestar, que nos mantienen felices y equilibrados…

Y siempre sonriente:

– Por hablar de eso, ¿en qué puedo servirlo?

*****

Hay muchas angustias en la Tierra, muchos problemas de relaciones entre los hombres. Parece que vivimos en un desierto árido, vacío de valores morales, abrasados por el sol del egoísmo que está en los corazones. Aun, no todo está perdido. Hay oasis verdes sustentados por compañeros dedicados que distribuyen abundantemente el agua bendecida del confort y de la paz. También podemos saciar nuestra sed, contribuyendo para que el desierto se torne menor. Basta que nos dispongamos a abrir, en la intimidad de nuestro corazón, el pozo prometedor de la buena voluntad.

Richard Simonetti

Extraído del libro «Cruzando la calle»

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