Jesús, guía y modelo

En la cuestión 625 en El Libro de los Espíritus, a la pregunta de Allan Kardec:

-“¿Cuál es el tipo más perfecto que Dios ofreció al hombre para servirle de guía y modelo?”, los Espíritus respondieron simplemente: “–Ved a Jesús”.

Entender a Jesús como guía de los hombres no nos parece difícil, una vez que, durante su vida en la Tierra, demostró siempre, en su vivir y en las enseñanzas, que vino para indicar a los hombres, la ruta para el desarrollo moral. Al declarar: “Sed perfectos…” dejó claro que todos los hombres pueden perfeccionarse, pues él hablaba para toda la humanidad. Guía, según el diccionario, es “la acción de guiar, dirigir. La persona que dirige, que enseña.» Jesús se encuadra perfectamente en esta definición.

Al nacer, trajo a los hombres el conocimiento de la ley mayor, la ley del amor, sentimiento existente en el interior de todos y cumbre del desenvolvimiento intelectual y moral de todos. Sus enseñanzas brillan en el mundo tal cual farol gigantesco indicando el verdadero camino para la paz y para la felicidad. Los Espíritus continúan naciendo en la Tierra, volviendo al plano espiritual, renaciendo de nuevo y, siempre, por maneras y canales diferentes, son siempre invitados al: “Amad, pues, a vuestros enemigos, haz bien…”, aunque el orgullo y el egoísmo los impidan de comprender. Sin embargo, como se aprende por el desenvolvimiento intelectual y moral, a través de repeticiones de experiencias, el mensaje de Jesús continúa sonando por todas partes, invitando a los hombres a notar y a valorar las cosas espirituales. Jesús es el hermano más mayor que vino a enseñar la finalidad de la vida en la Tierra, que es el perfeccionamiento del Espíritu y cómo aprovechar las experiencias terrenas para que ese determinismo divino ocurra. Jesús recibe de Dios la incumbencia de guiar a la humanidad en su evolución y él continúa apuntando el camino, dirigiéndola hasta que ella, la humanidad, se perfeccione.

Creemos que incluso los Espíritus que van quedando atrás, los que no acompañando el progreso de los demás, renacen en mundos inferiores a la Tierra actual, continúan formando parte de esta humanidad y recibiendo el amor y la orientación de Jesús y sus mensajeros, cuyo número se amplía con los que aprenden y siguen el camino indicado por el Maestro.

Nos parece fácil comprender a Jesús como el guía más perfecto venido a la Tierra. Pero, ¿cómo puede un Espíritu de tal trascendencia espiritual, un ser angélico, cuyas enseñanzas y ejemplos continúan después de 2000 años siendo estudiados y atrayendo a los hombres, ser nuestro modelo? Según el diccionario, modelo es: “Todo lo que sirve de tipo para ser imitado; persona o actos que por su perfección son apuntados como dignos de ser imitados, de servir de ejemplo.» Siendo Jesús modelo de los hombres, como dijeron los Espíritus a Kardec, esto significa que él puede ser imitado, sirviendo de ejemplo. Y el Espiritismo nos esclarece por qué y cómo pueden los hombres imitarlo, al presentarnos a Jesús como siendo un hijo de Dios, creado como todos nosotros, Espíritus inmortales, simples e ignorantes, habiendo hecho su evolución en mundos materiales. Está muy por encima de nosotros en lo que se refiere a la realización espiritual. El Espiritismo nos muestra que todos los Espíritus, sin excepción, son creados de la misma manera y cabe a todos alcanzar el determinismo divino: la perfección, lo que ocurre con Jesús y muchos más. Entonces, él puede ser y es nuestro modelo, nuestro ejemplo, porque pasó por el proceso que estamos pasando. Como hijo de Dios, como nosotros, venció su ignorancia y desenvolvió su potencial divino, a través de existencias en mundos materiales, habiendo alcanzado, antes de la Tierra existir, el grado evolutivo que le permitió ser el representante de Dios en la Tierra y en los corazones de los hombres.

¡Jesús es pues, nuestro guía, nuestro modelo de vida y de amor!

Artículo de Leda de Almeida Rezende Ebner De Ribeirão Preto, SP – Brasil Publicado en Jornal Verdade e Luz Nº 167 Diciembre de 1999.

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