A Garibaldi

Si los ruegos ardientes de mi alma
pudieran darte en tu solemne día
la dulce paz, la venturosa calma
que para ti mi corazón ansía.

Vieras en torno tuyo a tus hermanos,
ostentando su enseña victoriosa,
diciéndote: “Murieron los tiranos
y Polonia por ti ya es venturosa.”

¡Genio del bien! Recibe en tus hogares
la bendición de un pueblo agradecido;
vive feliz en tus paternos lares
por todo el universo bendecido

¡Ilustre campeón! El alma mía,
para ti anhela tan sin par ventura,
y en tanto luce tan ansiado día
acepta mi acepción ardiente y pura.

Si en el día de tu santo en raudo giro,
un ave llegara a ti doliente y sola,
mírala con amor; lleva un suspiro
y un ósculo de paz de una española.

Amalia Domingo y Soler
Madrid y julio 7 de 1864

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