Caso CXIX – Visual

En la obra del Sr. Arthur Hill titulada, El Hombre es un Espíritu, p. 117, se lee la siguiente narración remitida al autor por la perceptora, señora Janet Holt:

Mi marido llevó cierto día a nuestra casa un gran perro bulldog y dijo que ese animal le haría ganar dinero presentándolo como campeón de luchas entre perros buldog. Era Charles el nombre de ese bueno y cariñoso animal, que no tardé en estimar mucho. Salió victorioso en varios combates, pero una vez fue derrotado, y mi esposo, enfadado con la derrota, lo agarró y lo tiró al río. Algunos años más tarde, cuando casi me había olvidado del pobre Charles, fui despertada cierta noche, de sobresalto, como si alguien me hubiese sacudido para tal fin y me vi rodeada de extraña luminosidad. Me senté en la cama y, con vivo espanto mío, percibí a Charles sentado a mi lado. Parecía en proporciones normales, absolutamente igual a como era en vida. Me miró con insistencia durante algún tiempo, tras lo cual desapareció lentamente. A la mañana del día siguiente mi marido fue detenido. Tal vez Charles se hubiese manifestado a título premonitorio. (Mi marido era un bellaco y yo me separé de él para siempre). En la actualidad se encuentra en América del Norte.

Cuán extraña y sorprendente es esta historia de un perro, cruel e injustamente muerto por un mal dueño, que se manifiesta a la mujer de éste precisamente en la víspera de su detención, es decir, en el momento en que él iba a pagar parte de sus delitos. En cambio, y precisamente a causa de esta coincidencia, si el episodio no puede ser explicado por la clarividencia telepática, sí puede ser encarado bajo otro punto de vista, que es el de la supervivencia de la psiquis animal.

En efecto, parece posible reducirlo a un episodio de visión simbólico-premonitoria y, en este caso, la aparición del fantasma del animal, sacrificado por aquel que iba a ser detenido, no sería de naturaleza objetiva, sino que constituiría un símbolo transmitido telepáticamente por una entidad espiritual humana, unida por lazos afectivos a la perceptora. Una variación de esta misma explicación consistiría en suponer que la entidad espiritual en aprecio estaría, por el contrario, dispuesta a ayudar al espíritu del perro a manifestarse objetivamente a la perceptora, siempre a título simbólico-premonitorio y, en este caso ahora el fantasma del perro conservaría su identidad espiritual.

Como quiera que fuese y cualquiera que sea la explicación que se prefiera dar al problema, lo cierto es que el hecho citado no presenta teóricamente ninguna base suficiente para permitir que nos pronunciemos sólidamente respecto de su origen.

Ernesto Bozzano
Extraído del libro «¿Tienen alma los animales?»

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