¿El milagro de panes y peces ocurrió?

Al conversar con algunos amigos espiritas, nos entristecemos por el modo como observan los Evangelios, aceptándolos de capa a capa, o como está escrito, sacralizando los conceptos allí emitidos, como si los evangelistas no hubiesen sido anotadores de los acontecimientos, y habrán escrito muchos años después de la desencarnación del Maestro Galileo. Para nosotros, esas personas están abdicando el derecho de cuestionar, deducir, y buscar explicaciones más aceptables para algunos acontecimientos. Vamos a ejemplificar con un pasaje que nos vino a la mente; la de la multiplicación de los panes y peces.

¿Habrá ocurrido ese pasaje realmente? ¿Si ocurrió no habría sido aumentada al pasar por la tradición oral de boca a oído durante tres décadas, hasta ser escrito el primer Evangelio? Hoy, con el cocimiento espirita, sabemos que puede haber pasado realmente, pero nunca a través de milagros, pues las leyes divinas no son derogadas. Vamos a examinar bajo nuestra óptica, lo que podría haber ocurrido: sabemos que en las sesiones de efectos físicos, los Espíritus pueden construir algunos objetos usando los fluidos apropiados de los médiums. Sabemos de casos en que los espíritus fabricaron y/o transportaron bombones y otras golosinas.

Kardec explica en el libro de los Médiums y en la Revista Espirita que la materia esta diseminada en el espacio y los espíritus pueden aglutinarla, con la fuerza del pensamiento, para un determinado efecto. Kardec lo llamó de laboratorio del mundo invisible. Ahora, Jesús de Nazaret tenía una extraordinaria fuerza psíquica, y el mundo espiritual estaba a su disposición para ayudarlo. Por tanto era perfectamente posible la materialización de panes y peces suficiente para alimentar aquellas personas.

La segunda hipótesis sería la del fenómeno de transporte. Los Espíritus habrían transportado el pan asado y el pez frito de lugares donde había. Ciertamente, en las casas y algún comercio. Esta tesis encuentra dos dificultades:

1ª) La deshonestidad, pues algunas personas sufrirían los perjuicios.

2ª) No se fabricaba tantos panes, pues cada familia hacia lo suficiente para su consumo. No había comercios, como las que conocemos hoy, que venden el pan.

Nuestra lógica tiene otra explicación: la fraternidad, la solidaridad. Como aquel jovencito, muchas otras personas deberían haber llevado alguna merienda. Al verlo entregar sus panes y peces, muchos otros hicieron lo mismo, y todos se saciaron. ¿Entonces no hubo milagro? ¡Hubo si! El milagro de la fraternidad al punto de que algunos dividieron lo que era suyo.

Un último recordatorio: para reunir cinco mil hombres, quitando las mujeres y niños, sería necesario vaciar centenas de aldeas y pequeñas ciudades de Judea, pues cada aldea debería haber 150 moradores o un poco más. ¿Los evangelistas mintieron? ¡No! Pero tal vez se habrían entusiasmado. Pero dejaron una lección: la solidaridad. ¡La fraternidad hace milagros!

Nota: Nuestro querido Amilcar Del Chiaro Filho en 2006.

Escrito por Amilcar Del Chiaro Filho
Revista Cristã de Espiritismo
Traducido por Jacob.

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