Educación moral del médium

La educación moral es el aspecto más importante en la práctica mediúmnica. El estado moral del médium determina el grado de utilidad hacia el bien que puede alcanzar la práctica de la mediúmnidad puesto que de ello depende el disponer o no de la colaboración de los buenos espíritus en virtud de los fenómenos de afinidad y sintonía. Podemos definir la afinidad como el fenómeno por el cual nos rodeamos de aquellos espíritus (encarnados o desencarnados) que comparten con nosotros los mismos tipos de pensamientos y sentimientos, y la sintonía, el fenómeno por el cual podemos modificar nuestra vibración (pensamiento y sentimiento) para entrar en relación con otros espíritus encarnados o desencarnados. La afinidad determina el tipo de compañías que nos frecuentan y la sintonía el tipo de compañías que intiman con nosotros pensamientos y sentimientos. Por tanto, la afinidad y la sintonía definen principalmente la calidad del trabajo mediúmnico que queda al alcance de nuestras posibilidades.

La sintonía opera en todas las personas, médiums ostensibles o no, a través de la inspiración. En el “El Libro de los Médiums”, nos dice “La inspiración procede de los Espíritus que ejercen una influencia sobre nosotros, para el bien o para el mal… En ese aspecto, se puede decir que todos somos médiums” (1). Siendo todos médiums de inspiración, tenemos la obligación de mejorarnos moralmente para acceder a las inspiraciones de los buenos espíritus en todo momento, y en especial en el trabajo mediúmnico.

La moral

Etimológicamente, la palabra moral viene del genitivo del latín ‘moris’, que significa “costumbre” y de allí, ‘moralis’, “lo relativo a los usos y las costumbres”. Por tanto, podemos definir moral como el conjunto de normas creencias, valores y costumbres que dirigen o guían la conducta de las personas en sociedad. La moral humana, por tanto, está influenciada por las costumbres religiosas, sociales, familiares, etc. Incluso se puede hablar de una moral religiosa, social, en función del conjunto de normas y costumbres que agrupa. Por ello, la moral humana es relativa y progresa constantemente. Lo que en un inicio podía estar bien con el tiempo se va percibiendo de forma diferente hasta su completo rechazo. Debemos fijarnos en la Moral Universal, que es aquella que está basada en las Leyes Universales y es la única inmutable. Conforme la moral humana progresa y se acerca a la Moral Universal, va adquiriendo autoridad moral sobre la mediúmnidad, como consecuencia del cumplimiento de las Leyes Universales o Divinas.

La educación moral

En la educación de la moral podemos hablar de tres pilares fundamentales: el estudio que nos lleva al autoconocimiento, la disciplina y vigilancia que nos lleva al autocontrol, y la práctica de la Ley de Justicia, Amor y Caridad. Sin uno de los tres pilares nos quedamos estancados en nuestro actual estado moral. Sin estudio no podemos conocernos a nosotros mismos y por tanto no sabremos qué aspectos debemos mejorar y estar atentos, vagando sin rumbo. Sin vigilancia no seremos conscientes de cómo nos estamos comportando y no podremos adquirir ni disciplina ni autocontrol, perdiendo constantemente oportunidades de trabajo. Sin la práctica de la caridad no podremos realizar el trabajo útil que genere la semilla del bien realizado y por tanto nunca recogemos su fruto de la experiencia que es el alimento para nuestra transformación moral por la vía del trabajo y el esfuerzo.

El libro “La Genesis” nos dice que mejoramos moralmente según evolucionan nuestras necesidades: “…en las primeras fases de la existencia corporal [el individuo] sólo busca la satisfacción de las necesidades materiales…” “…Pero una vez superada esa etapa, aparecen otras necesidades: al comienzo ellas son semimorales y semimateriales, y más tarde exclusivamente morales. En ese momento el espíritu domina a la materia.” (2). Podemos comprender con ello que existe una relación directa entre nuestra evolución moral y el carácter de nuestras necesidades si son materiales, semimorales o completamente morales. Abraham Maslow, uno de los padres de la psicología transpersonal, estableció en su pirámide de necesidades intrínsecamente una separación entre necesidades materiales y morales, aunque empleando los términos de “necesidades de carencia” y “necesidades de crecimiento”.

Las necesidades de carencia serían las más inferiores de la pirámide como las necesidades básicas y fisiológicas, las necesidades de seguridad, pertenencia, de reconocimiento, etc. Las necesidades morales serían las más elevadas como la creatividad, la autorealización, el sentimiento de individualidad, etc. Las necesidades de crecimiento quedan postergadas temporalmente mientras permanezca activa una necesidad de carencia. Sin embargo, ninguna necesidad de carencia, una vez satisfecha, produce una satisfacción real que permanezca en el tiempo. Comprender esto lleva al ser humano posiblemente decenas de reencarnaciones perdidas, buscando necesidades de carencia que una vez conseguidas le dejan igual de vacío como se encontraba al principio.

La necesidad del Amor se puede vivir como una necesidad de carencia o bien, como una necesidad de crecimiento. Como necesidad de carencia, el amor será egoísta y querremos a los demás en función de cómo satisfacen nuestras necesidades emocionales y de autoestima, gratificación, etc. Sin embargo, el amor, como necesidad de crecimiento será un amor sin condiciones, sin afán egoísta ni posesivo, complaciéndose simplemente con la entrega de uno mismo sin esperar nada a cambio. Estudiando las necesidades vemos que ejercen una mayor atracción hacia la conciencia cuanto más básica es la necesidad insatisfecha. La conciencia se ve fácilmente distraída de las necesidades más sutiles hacia las más básicas y materiales, sobre todo cuanto menos conscientes somos de nuestras necesidades superiores. La educación moral nos ayuda a centrar nuestra conciencia en los aspectos más espiritualizados del ser y detectar cuando una necesidad más básica nos llama a postergar el trabajo moral. Habiendo relacionado a la vez la educación moral, las leyes morales, las necesidades básicas, que fundamentan los instintos, y las necesidades morales, que nos habilitan para los estados superiores del ser, debemos profundizar en su estudio para acercarnos a la comprensión de los estados de conciencia del ser.

Leyes morales, necesidades e instintos

El conjunto de la Codificación Espírita es un gran tratado que nos habla del ser humano como ser espiritual. En “La Génesis” nos habla de la relación entre la inteligencia y el instinto: “La meta del espíritu es la vida espiritual… El instinto se debilita a medida que la inteligencia se desarrolla, ya que ésta domina a la materia …” (3). Conforme se desarrolla la inteligencia el ser humano adquiere la herramienta que le permitirá desvincularse de los instintos. Sin embargo, según “El Libro de los Espíritus”: “…en su origen (los seres humanos) son como los niños que acaban de nacer y que actúan más por instinto que por voluntad determinada.” (4) Considerando que las Leyes Divinas se encuentran en el fondo de nuestra conciencia (5), entendemos que son ellas las que inspiran al desarrollo de los instintos en las primeras etapas del ser, inteligencia rudimentaria que garantiza el futuro a todas las especies puesto que: ”…El instinto es una inteligencia no racional, y por él todos los seres atienden a sus necesidades.”(6) Según “El Libro de los Espíritus”: “…El instinto puede también inducir al bien. Casi siempre nos guía, y en ocasiones lo hace con más seguridad que la razón. No se extravía jamás.» (7). El instinto, no se extravía jamás, pero “…el hombre lo descuida” (6) a través del abuso y de ahí el origen de las pasiones. Cuando nos referimos a malos instintos nos estamos refiriendo realmente a pasiones que se ha creado el hombre insanamente.

Comprendiendo que el conjunto de necesidades básicas, morales y semimorales están fundamentadas en las Leyes Morales que nos explica “El Libro de los Espíritus”, podemos utilizar la misma pirámide que brillantemente construyó A. Maslow comprendiendo a su vez que comprenden el conjunto de etapas fundamentales en el desarrollo de la conciencia del ser espiritual, el Espíritu inmortal que todos llevamos dentro. Las necesidades básicas, fisiológicas y de supervivencia de la especie tienen tu fundamento en la Ley de Reproducción y en la Ley de Destrucción que origina el instinto de supervivencia, denominado en “El Libro de los Espíritus” como “instinto de destrucción”, como el “…instinto que lleva al hombre, o al animal, a buscar garantizar la vida las necesidades básicas para él y para su especie.”(8)

La Ley de Conservación y la Ley de Trabajo, fundamentan el “instinto de conservación” (9) y por tanto las necesidades de conservación. Para la conservación del individuo previamente tiene que aparecer el sentimiento gregario y la necesidad de sociedad, requisito indispensable para garantizar la etapa previa de supervivencia.

La Ley de Progreso fundamenta el “instinto de progreso” (10) y nos explica que “…el hombre busca instintivamente su bienestar…”, “…la búsqueda del bienestar fuerza al hombre a mejorar todas las cosas, poseído como está del instinto de progreso y de conservación, que está en las leyes de la Naturaleza. Trabaja, pues, por necesidad, por gusto y por deber, y en esto cumple los designios de la Providencia, que con ese fin le colocó en la Tierra.” (10)

La Ley de Justicia, Amor y Caridad, fundamente el despertar espiritual del ser a través del surgir de las necesidades, primero semimorales y luego morales, desarrollando progresivamente sentimientos cada vez más elevados, ya que “…los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso realizado. Inicialmente el hombre sólo tiene instintos; más avanzado y corrompido, sólo tiene sensaciones; más instruido y purificado, tiene sentimientos, y el punto delicado del sentimiento es el amor» (11)

La Ley de adoración fundamenta el instinto de adoración, como “sentimiento innato” (12), por el cual el ser humano es impulsado a mirar siempre hacia a lo alto desde el principio de los tiempos, en todas las culturas y “…Es un recuerdo que conserva de lo que sabía cómo Espíritu, antes de encarnarse; pero a menudo el orgullo sofoca ese sentimiento”. (13).

Niveles de conciencia

Podemos definir “nivel de conciencia” como el conjunto de ideas, identificaciones y pensamientos del ser que determinan las percepciones, sensaciones y sentimientos accesibles por su mente determinando por tanto los límites del conocimiento y la experiencia del Espíritu. El espíritu, por tanto, progresa a través de las distintas experiencias filtradas a través de su mente en el nivel de conciencia en que se encuentra, atraída por las correspondientes necesidades asociadas a dicho nivel.

El Espíritu aprende, la mente percibe y filtra, el nivel de conciencia es la nube de ideas, información, necesidades y sentimientos que “nublan” la capacidad de percepción del espíritu que a través de la mente percibe como única realidad.

Cada ser humano se encuentra en un rango de niveles de conciencia limitado. La persona primitiva se relaciona con las necesidades fisiológicas y de supervivencia, la persona común, con las necesidades de seguridad y bienestar, la persona emprendedora con las necesidades de estima y reconocimiento, la persona de buenos sentimientos, con las necesidades de amor y sentimientos afectivos, la persona caritativa, con las necesidades de expresión de su amor a través de la Caridad, la persona que cultiva el conocimiento superior, con la necesidad de adquirir sabiduría y la persona espiritualizada con la necesidad de autorrealización e iluminación espiritual.

Bibliografía:

1- ELDLM Cap. XV ítem 182
2 y 3-La Génesis Cap. III, ítem. 10
4- Preg. 564 ELDLE
5- Preg. 621 ELDLE “¿Dónde está escrita la Ley de Dios? En la Conciencia”
6- Preg. 73 ELDLE
7- Preg. 75 ELDLE
8- preg. 728a ELDLE
9- preg. 693, 702, 730, 773
10- EESE Cap. II ítem 6
11- EESE: Cap. XI
12 – Instinto de adoración ELDLE preg. 650
13 – Instinto de adoración ELDLE preg. 221

Escrito por Jose I. Modamio
Centro Espírita Entre el Cielo y la Tierra de San Martín de Valdeiglesias. Revista FEE

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