A un poeta

¿Quién eres?.. Preguntó tu dulce acento;
¿Quién eres, di, la que en tu triste luto
elevas hasta el cielo tu lamento
pagándole a la muerte fiel tributo?

¿Quién eres?… La que en lánguidos cantares
revelas a los hombres la agonía,
repitiendo la brisa de los mares
cual eco de tu acento, ¡madre mía!

Esto dijo vibrante de ternura
tu dulce voz que resonó en mi oído,
y anhelé conocer el alma pura
a quien le conmoviera mi gemido.

Pero luego dudé: tal vez mi acento
no era el eco que a ti te conmovía,
escuchaste quizás otro lamento
de otro ser que cual yo, también sufría.

Son tantos, ¡ay! Los que aquí en la tierra lloran,
y en su triste y eterno desconsuelo
la horrible muerte en su dolor deploran,
pidiendo a Dios para su mal consuelo.

Pintaste a una mujer que triste y sola
elevó su cantar triste y doliente.
Ostentando del mártir la aureola
en su serena y elevada frente.

Esa historia retrata de mi vida
sus penas, sus tormentos y dolores;
a mi madre perdí… ¡madre querida!
Que fuiste el amor de mis amores.

Yo la he llamado, ansiosa y anhelante,
era mi mundo su sepulcro hueco,
respondiendo a mi acento delirante
de su marmórea tumba, el triste eco..

De mi patria sus plácidos vergeles,
su cielo de zafir y sus colores
sus torres y gigantes botareles
que vencieron del tiempo los rigores.

Nada era para mí triste y doliente
como sauce que el viento le derrumba,
solo anhelaba reclinar mi frente
en el helado mármol de su tumba.

¡Oh! Cuan triste es vivir como yo he vivido;
venturoso es aquel que en su existencia
no haya visto su objeto más querido,
sucumbir de la muerte la inclemencia.

Por eso yo cuando escuché tu acento
creí que mi dolor te conmovía;
que un eco hallaba en ti mi pensamiento
y que llorabas la desgracia mía.

Mas si fue un sueño que formó la mente
una ilusión no más de mi delirio,
me consuela saber que tu alma siente
del desgraciado huérfano el martirio.

Si soy la inspiración de tus cantares
entrégale al espacio tu armonía,
las auras y las brisas de los mares
el eco me traerán de tu poesía.

Entonces yo te contaré mi historia;
te daré mis ensueños, mis amores,
los recuerdos que guarda mi memoria
de suspiros, lágrimas y flores.

“¿Quién eres? Preguntó tu dulce acento”
¿Quién eres? Le preguntó: ¿Quién te inspira?
¿Quién le da esa ternura y sentimiento
a los vibrantes ecos de tu lira?

Amalia Domingo Soler

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