Medicamento eficaz

“… así es que el Espiritismo que toca las cuestiones más graves de la filosofía, a todas las ramas del orden social, que abraza a la vez al hombre físico y al hombre moral, es por sí mismo toda una ciencia, toda una filosofía que no puede ser aprendida en algunas horas como cualquiera otra ciencia.”

 EL LIBRO DE LOS MÉDUMS 1ª parte, Capítulo 2º – Ítem 13.

Desde que la luz estelar del Espiritismo nortea tu vida, abriendo claridades luminosas en el matorral por donde avanzas, en plena estancia carnal, ama a los espíritus arduos que te siguen atrás, en el interior del nido doméstico o alrededor de tus relaciones.

El obsesor vengador, que zurce el azote de la impiedad, cuando en el más allá, al volverse a esconder en el envoltorio de ceniza y barro, que se torna materia, no modifica la estructura del propio carácter.

Impulsado por la Ley al renacimiento junto a tu corazón, ese cobrador insaciable es tu víctima de antes, exigiéndote humildad y rescate.

Amarga tus horas; inutiliza tus mejores planes; inquieta tus momentos de paz; sombrea la sonrisa en tus labios antes que irrumpa; avinagra el sabor de tus sueños, impiedoso, es fiscal y cobrador que no cesa de exigir.

Si lo encontrases en el santuario mediúmnico ciertamente tendrías conmiseración y piedad, ofreciéndole el perdón de que tiene necesidad, en bagatelas de entendimiento fraternal. Haz de cuenta que el cuerpo de que él se utiliza, ofrece una psicofonía atormentada de largo curso.

Doctrínalo con el silencio de la resolución firme.

Esclarécelo con el verbo elocuente de la paciencia.

Ilumínalo con la claridad de tu fe regeneradora.

Todo eso puedes hacerlo, porque la Doctrina Espirita te enseñó, desde ayer, que irrumpiste de un pasado sombrío para la madrugada inmortal de bendiciones.

La eternidad porque anhelas, sin pasado y sin futuro, sin embargo, vigoriza en tu corazón, en cada instante, anulando las sombras y brillando de claridades.

El clan Julia, en Roma, la familia Médicis, en Florencia, las casas Tudor y Stuarts, en Gran Bretaña y el poderío de los Borbones, en Francia, hicieron en la historia un legado de obsesiones tormentosas, en familia.

Ascendentes perseguidos renacieron en las carnes de descendientes perseguidores. Y en todos ellos como en otros tantos, parientes por la consanguineidad y colaterales estuvieron en el círculo vicioso y estrecho de obsesiones irreversibles y calamitosas.

Ignoraban todos esos infelices la sublime ruta del Espiritismo cristiano. Y aun hoy como desde hace poco, familias y familias están enredadas en las obsesiones devastadoras en que se extinguen para recomenzar, rastreando odios; venganzas hay que se consumen en locuras y aniquilamientos recíprocos, porque no disponen de Mensajes Espiritistas, esa luz estelar, que consustancializa la verdad, en la noche de sombras de la consciencia pervertida.

Tú tienes, pues, en el Espiritismo que restaura el Cristianismo en su pujanza inicial “El libro de los Espíritus, y el “Libro de los médiums” esos medicamentos eficaces para todas las enfermedades del espíritu y del cuerpo, ya que aflicciones tienen sus causas en el interior del espíritu inmortal.

El Libro Espirita que te liberta de la ignorancia y de la superstición es el amigo incondicional de tu lucidez, ofreciéndote pan y luz, agasajo y cura para las horas difíciles de pruebas de tu jornada actual.

Como el amor, según preceptuó Jesús, es el alma de la vida y la caridad es la vida del alma, los Espíritus que vinieron a corporificar el mensaje cristiano en la Tierra, para la redención de la Humanidad, fueron explícitos: el estudio es el libertador del hombre, en el crisol difícil de las reencarnaciones dolorosas, ya que el conocimiento les da armas para liberarse encima de todo el mal y vivir todo el amor en los caminos santificantes de la caridad con Jesús.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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