Un nuevo sentido para la oración

En tiempos modernos, hasta las oraciones a lo Alto merecen aires nuevos. Es bien cierto que los problemas que generan sufrimientos y, por eso mismo, pedidos y súplicas sufridas, continúan semejantes a los de todos los tiempos. Ellos se revelan por medio de defectos morales, rencores envejecidos y permanentemente alimentados, más allá de penas cristalizadas, seniles en el origen y renovadas en el horno del recuerdo diario, motivos, en fin, de sobra para que los cansados de sufrir hagan sus pedidos a los benefactores del Más Allá, en busca de fuerzas para la necesaria superación.

Como todo cambia, llegarán también a los escenarios de las conturbadas relaciones humanas, otras razones para que los necesitados de apoyo reajusten un poco el rumbo de la conversa con la realidad espiritual.

En este texto, presentamos algunas de esas nuevas situaciones, de las cuales la mayoría de las personas no consiguen desapegarse. En el caso que usted de encuadre en alguna de ellas, tal vez su oración pueda ser más o menos así:

1) Para el amanecer: “Señor, en este comienzo del día, ayúdame a ser más paciente en todo, pero principalmente en el loco tránsito en que iré a entrar de aquí a poco, en la hora de ir para el trabajo. Cada día, conductores mal preparados y enfadados, señores de la razón, y arrogantes, con la mano al volante, cruzan conmigo por las calles. Pido que me des el verdadero sentido de la dirección defensiva, saliendo de casa ya alerta para una postura de recogimiento y atención consciente, y no de agresividad. Si no puedo controlar las causas de la violencia en los otros, ayúdame a evitar los efectos de en mi”.

2) Para el ambiente profesional: “Maestro querido, si mi lugar de trabajo aún no se ha librado de la competitividad salvaje, en que unos intentan superar el talento de los otros con artimañas antiéticas, en busca de mejores posiciones y salarios en la jerarquía corporativa, ayúdame en la preparación de la serenidad interior. Puedo y debo divisar a mis colegas como colaboradores de productividad, y no como amenazas a mi éxito profesional. Quiero construir en mí los fundamentos de la simpatía, para que la convivencia en el lugar de trabajo sea la más fraterna posible”.

3) Para la relación conyugal: “Señor, en tiempos de emancipación femenina, que yo aprenda a entender los fantásticos avances de la calidad de vida de la mujer, en su contribución a la evolución de nuestro tiempo. Pero, siendo una de ellas, que no utilice las nuevas conquistas para explotar las lagunas de mi relacionamiento con los hombres, a favor de una pretendida ventaja sin temor, por fuerza de leyes que me protegen la integridad física y moral. Y siendo hombre, que yo aproveche esa brillante oportunidad para redefinir el contexto de la convivencia con ellas, rechazando definitivamente el machismo y la falta de educación, en la elaboración de una convivencia afectiva más segura y respetuosa.

4) En el trato con el medio ambiente: “Hermano sublime, en ese momento en que la Naturaleza es el ser vivo más ofendido y magullado, de entre los que sufren la acción de los hombres brutos, ayúdame a cuidar de mi relación con ella como si estuviese arrullando a un hijo amado. Que al contemplar un árbol, un rio el aire, yo tenga la sabiduría necesaria para sentir que son mis hermanos en la Creación divina, en ese intercambio permanente con la vida que se agita a mi alrededor, y que los cuidados que yo manifieste en relación a ellos revele el celo y las atenciones que tengo para con mi propio deseo de evolucionar”

5) Para lidiar con la infancia: “Señor, delante de un tiempo en que la integridad y delicadeza de los niños viene siendo peligrosamente amenazada por adultos irresponsables, padres violentos y una sociedad incapaz de controlar sus manifestaciones de agresividad, permíteme calmar mi mundo interior, para que yo no dé cuenta en los pequeños lo que no conseguí aun resolver en mi. Sobre todo, que tenga competencia para ofrecer a ellos todo mi amor, en el alimento y en el pensamiento, de entre otras enfermedades de graves consecuencias, permítame caminar a su encuentro, en el sentido de realinear las fuerzas sutiles de la vida cósmica con mis propias energías vitales, sabiendo que cuando me torne “uno” contigo y con Dios, estaré en plena sintonía con la ley de amor, que me dirige los destinos, desde el principio de los tiempos.”

6) Delante del Señor: “Maestro, vengo notando que la carrera enloquecida de esos días me cansan más rápido, al punto de no dirigirme a ti cuando y cuanto debería hacerlo. Por eso, quiero que la convivencia con la prisa cotidiana no enfríe mis lazos con la Espiritualidad que me define el ser, más allá de entender que es sagrado el tiempo de nuestra conversa en particular, para la cual reservare los minutos suficientes en mi día, todos los días”.

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Tiempos nuevos piden oraciones diferentes en su contenido. Si esa fuera la percepción, que ese momento de nuestras reuniones fraternales sea vivido con los ojos mirando al frente y los sentimientos debidamente sumergidos en las profundidades de nuestra búsqueda en común, escapando de las fórmulas preparadas y de los ruegos envejecidos, dicho mucho más con los reflejos del siempre igual que de los impulsos del sentimiento nuevo, característicos de los que están aprendiendo a sentir y ver la vida con una nueva mirada.

Carlos Abranches
Revista Espirita Reformador
Traducido por Jacob

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